La vieja receta
Un Estado de derecho no entrega a la Policía licencia para decidir quién merece vivir o morir.
La Policía Nacional no puede seguir combatiendo la delincuencia con una receta que pertenece al pasado: la sospechosa frecuencia de presuntos intercambios de disparos que terminan con el perseguido muerto y una versión oficial prácticamente imposible de contrastar.
Un Estado de derecho no entrega a la Policía licencia para decidir quién merece vivir o morir. Su obligación es perseguir, apresar y poner a los sospechosos en manos de la justicia. Los tribunales existen precisamente para determinar culpabilidades.
Durante décadas, República Dominicana ha convivido con denuncias de ejecuciones extrajudiciales disfrazadas de enfrentamientos. Cambian los directores, se anuncian reformas, llegan nuevos uniformes, cámaras y tecnologías, pero algunas prácticas parecen resistirse a desaparecer.
Nadie pretende que un agente permanezca indefenso cuando su vida corre peligro. La fuerza legítima existe y, en determinadas circunstancias, resulta inevitable. Pero precisamente por eso cada muerte provocada por agentes policiales debe investigarse con independencia, transparencia y rigor.
Modernizar la Policía no consiste solamente en mejores salarios, vehículos o entrenamiento.
La verdadera reforma comienza cuando desaparece definitivamente la vieja máxima de que, muerto el sospechoso, cerrado el caso.