¿Cómo obligar a quien no quiere?

Las cifras vuelven a enredar el tema haitiano

La mentira tiene piernas más largas, corre más y supera más rápido los trechos. La verdad es lenta como la tortuga, pero con paciencia y sin prisa cubre su terreno.

Cuando el gobierno pensó que había regularizado a todo haitiano vivo, los organismos dijeron que no, que faltaba gente. Las desavenencias del embajador USA y la Junta se originaron en ese punto.

Brewster decía que sí, y Rosario que no. E Interior y Policía miraba las olas golpear con fuerza, pero sin acercarse a los acantilados. Que no es lo mismo mar Caribe que río Yaque. Aunque lo interesante es que entonces se habló de cerca de cincuenta mil, y ahora la ONU no encuentra más de cuarenta mil. Cifras que se parecen, o se aproximan.

Entonces se buscó un territorio neutro, como si Suiza fuera imprescindible. Todos los que se sintieran con derecho de tener papeles, o que la embajada norteamericana quisiera proveérselos, que fueran a la Cancillería.

Una oficina abierta y un servicio VIP, y se esperó y se esperó, y esos interesados a la mala nunca fueron. Del mismo que ahora no aparecen.

El pastor fue igual de alarmista, y el lobo al acecho, solo que nunca hubo ovejas de por medio.