Complicada lucha contra el COVID-19
Ni el 9-1-1 ayuda y pocos saben qué hacer...
La alarma no es la enfermedad, pero la agrava, y cuando se alarma la población, la culpa tiene que atribuirse a la autoridad que no toma medidas a tiempo.
A un ciudadano de a pie que ande sin paraguas, una lluvia de repente tiene que empaparlo. Eso ocurre con el COVID-19: cayó como agua sin que se advirtiera nublado.
Los organismos y centros sanitarios fueron desbordados en todas partes, pero se tiene la impresión de que los gobiernos por lo menos llenan la forma. El contenido –sin embargo– sigue por el carril del lado.
El dominicano que vive en su territorio no se siente atendido. La diligencia no se puede hacer por teléfono, pues no hay un número como de estación de bomberos o destacamento de policía.
Se pensaba que el 9-1-1 era remedio de todos los males, pero si se llama para reportar se responde que no tiene servicio al cliente.
No da consultas.
Igual existen tres lugares de acogida y tratamiento, pero primero hay que someterse a examen por un médico particular, el cual deberá referir a las instancias acordadas.
El afectado puede sentir síntomas, pero no conocer el protocolo, ni dar pronto con la cura.
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