El indescifrable Quique
Es más, ahora se la da de pensador oriental
Quique creó fama, pero nunca se echó a dormir, como aconseja el refrán. Por alguna razón, que posiblemente ni él mismo sepa, se le tuvo como muchacho malo.
Todavía Sophie lo canta.
Se decía esto o se decía lo otro, y la verdad pudo haber sido todo lo contrario. De haber sido, como se piensa, una encarnación de Frank Underwood, hubiera ocupado las más altas posiciones en los gobiernos de su partido.
Balaguer lo quería como un hijo, pero no puede decirse que lo tratara con el cariño propio de un padre, y cuentan los que saben, que era porque Quique volaba sin motores.
Pero Balaguer era Balaguer, y por eso cuando abandonó el templo de la vida, dejó el altar sin santos.
Ahora Quique resulta un hueso duro de roer, y no hay colmillo de perro que le meta miedo. Es más, ahora se la da de pensador oriental.
Le salió el turco que lleva dentro, y a quienes cuestionan su actual posición, responde con una fábula cuya moraleja demanda dos lecturas seguidas.
La historia de un viejo, un joven, un anillo, un mercado y un joyero. En el mercado no daban ni una moneda de oro por el anillo, pero el joyero ofreció 58, y que si se esperaban, podían conseguir 70.