El pecado del padre lo paga el hijo...

Habrá que ver a quién sigue el hijo ahora...

Esa sería una cuestión: ¿pueden los hijos ser responsables o culpables de los actos de sus padres? En los códigos no, pero en la política sí.

O en la dominicana por lo menos.

Hace días que al administrador de la Lotería le tenían el agua puesta, y aunque ya hacía burbuja, la victimización no se daba.

En los mentideros se contaba que el funcionario se había movido, o para apagar el fuego o para quitar la olla de la estufa, y que –incluso- lo consideraba posible.

El cambio de lealtad no era suyo, sino de su padre. Solo que era titular aparente, no real, pues llegó a la posición por solicitud o en pago de tributo del papá, un hombre que se desplaza lento, pero de agarre fácil.

Ahora que llega la desgracia, falta ver qué hará el hijo, si mantenerse fiel al presidente que lo golpea o hacer causa común con el padre que se arrima a otro árbol, sin que –necesariamente- sea mejor sombra.

El caso quedará, pero no como parte de la historia y sí del anecdotario político criollo.

El hijo que perdió la lisa en una noche clara por la inconsecuencia de su padre.

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