El presidente paga lealtad ajena...
Eso explica los errores en los nombramientos
Cuando el PLD llegó al poder la primera vez se pensó en un cambio en el otorgamiento de los empleos públicos. Cada compañero que aspiraba a una posición debía entregar un currículo y esperar.
Pronto se descubrió que los peledeístas en el poder no eran doce o trece mil cuadros como apreciaban afuera y contaban adentro. Era el mismo río, solo que su cauce se había desbordado, y se recuerda que fueron tantos los currículos que se alquiló un apartamento y el espacio no fue suficiente. Más que archivo, fue almacén.
Eso cambió con el tiempo, con las tendencias y el predominio en el partido. Más que hoja de vida, credencial de lealtad. Lo importante ahora es pertenecer al núcleo de los míos. Algo de esto explica lo sucedido con los infortunados decretos de esta semana. ¿Qué méritos hay en el joven, el cónsul y el asesor para que el presidente se arriesgara y provocara una indignación tan justa?
Ese “yo no lo sabía” es peor, pues revela que no paga lealtad propia, también ajena. La sociedad política ya fue incorporada y los beneficios mejores que los de una ONG.
¡Quién lo diría, Nené!
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