El vender o “prestar” cédulas está vivo
Lo sabe todo el mundo en los barrios...
Aunque solo se habla de compra de votos, el delito tiene variantes. La compra de cédulas, por ejemplo, cuyo efecto es diferente o contrario.
El voto se compra con intención de aumentar el caudal del interesado. La cédula se compra con la finalidad de reducir las posibilidades del contrario.
El voto se compra frente o alrededor del centro de sufragio y el mismo día de las elecciones. La compra de cédula por su parte es un negocio más discreto, aunque de conocimiento público. Incluso en ocasiones, más que compra, empeño. El “financista” del barrio entrega valores y acepta el documento de identidad como garantía.
Cuando el dueño de la cédula deba realizar alguna operación que exija el documento va y la recupera pagando capital e intereses.
Las elecciones ofrecen una oportunidad de oro para una triangulación. El candidato va con una funda de dinero donde el prestamista y libera el documento, lo devuelve al sufragante y este vota a su favor.
Eso lo saben el candidato, el prestamista, el vivo y todo el barrio. menos las autoridades, expertas en voltear la cara cuando conviene lo malo. Capitalismo de aldea, dolo electoral.
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