Ezequiel repartió amonestaciones
Pero los políticos no se dan por aludidos...
Los evangélicos no pueden quejarse. No han firmado Concordato como los católicos, pero sí tienen, al igual que estos, un auditorio cautivo y de respeto.
Acaban de comprobarlo con el sermón de Ezequiel, quien el pasado día primero usó la palabra a la manera del profeta que lleva su nombre.
Las palabras del Sumo Sacerdote no fueron equivalentes a una homilía, sino a una Carta Pastoral, de tanto peso moral y atención provocada.
Incluso tuvo una circunstancia mejor. No hubo que leerla al día siguiente en los periódicos, sino que los políticos vivieron la experiencia de manera directa y personal.
Fueron por lana, en busca de bendiciones, y salieron trasquilados, con duras amonestaciones. Ezequiel, el de la Biblia, y el Molina de estos días, se parecen en lo principal: en ser hombres de Dios. Pero también en los arrebatos, visiones y revelaciones. Aunque por igual, y eso es lo malo, clamaron en el desierto.
Ezequiel repartió sombreros de todos los colores y tamaños y propios para todas las cabezas. Los políticos presentes, sin embargo, sólo vieron la paja en el ojo ajeno.
Únicamente al Presidente le quedó apretado.
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