La lección diplomática de los chinos

La vacuna no lo dice, pero sotorrie

La paciencia de los chinos les permite sentarse a ver la gota caer sobre la piedra, sabiendo que el agua ganará la partida.

La nueva administración pudo decidir, como decidió, estrechar lazos de amistad con los norteamericanos. La razón que se dio fue ingeniosa.

Que más de un millón de criollos residen en ciudades de Estados Unidos

Si cuenta bien, o según un censo arbitrario, los dominicanos podrían superar los dos millones, y contando.

E incluso subrayar que un santiaguero ocupa una curul en la Cámara de Representantes, compartiendo poder con los yanquis.

Aunque, y ese es el punto, no debió dar con el pie a lo que el régimen anterior, con la mejor de las intenciones, había acordado de mano.

Abrir las piernas y entregarse a los norteamericanos sin dejar de abrazar a los chinos, y con el mismo fundamento.

La cantidad que vive, trabaja y aporta en el país. Averigüen, busquen registros. Y desde siempre, pero más después que China recuperó Hong Kong y se decía que otro tanto con Taiwán.

No tanto afrenta, pero si desplante, sin pensar que los pueblos como los individuos deben rendirse a la circunstancia.

La vacuna no lo dice, pero sotorrie.

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