La magia de dañar un proyecto
El esfuerzo de años se volvió una primaria...
La Ley de Partidos es la única en el mundo rechazada con consensos a favor. Ninguno de los sectores políticos o de sociedad civil se opuso.
Todos la apoyaron. Lo más curioso, y al mismo tiempo cruel, fue que lo hicieron de manera militante, pues en la adhesión fervorosa estuvo desde el principio el engaño.
Quien estudie la historia universal aunque sea de pasada no va a encontrar un hecho parecido, comparable. Costumbre del dominicano de coger lo mucho y convertirlo en poco. Ni acto de magia y mucho menos milagro, pero si una situación que ni en circo en la tierra ni paraíso en el cielo tiene parangón.
Una pieza con artículos diversos y plurales fue arrugada de un modo tan perverso que cuando quiso utilizarse solo cabía en un nicho. El de las primarias. Ni intermedias ni secundarias, solo primarias, y con un efecto tan dañino y devastador que ni el más fuerte huracán de las Antillas.
En un país de contradicciones y disensiones, de viceversas y arritmias, ninguna potencia tuvo capacidad de dividir tan en exceso.
Partidos, liderazgos, comisiones, y por si faltare, ¡oh Dios!, el último invento de la subcomisión correctora de estilo.
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