Los intelectuales siguen sin convocar...

Aunque algunos quieren cambiarlo todo

El manifiesto fue a la Lira como cualquier hijo de vecino un domingo de agosto. El aire libre compensa un calor que sofoca, y aunque no sopló la más ligera brisa, hubo poesía de parque. No fue coral como las marchas pues faltaron los Niños Cantores de Viena, que anduvieron por poblaciones del interior protestando la destrucción de ríos. Una preocupación verdaderamente verde.

El documento no tuvo impacto, y la prensa lo recogió con reseña de noticia corriente. No se sabe sí porque se desinfló la expectativa al conocerse la existencia antes de la recogida de firmas, o porque era un deja vú. Si segundas partes nunca fueron buenas ¿qué decir de terceras? Además, convoca quien puede, no quien quiere, y sin ofensa vale reconocer una situación que frustra. Entre los convocantes o suscribientes no hubo una sola figura con ascendiente de masas. Aunque los redactores del Manifiesto merecen distinción por un hallazgo excepcional. Se sabía que la guardia leía al revés, pero no que el papel lo aguantaba todo.

El dominicano no puede quejarse, sus intelectuales tienen arraigo e ínfulas para cambiar la República.