Ni ellos mismos se acordaron...

Los repartos se hacen ahora en Jarabacoa

Balaguer, donde quiera que esté o si está llegando, debe saber que su legado se disuelve y ni siquiera con efervescencia.

Ni Alkaseltzer ni Salt Andrew.

El problema es personal, pero repercute en la política: no se hacen a su nombre los repartos ocasionales que hoy constituyen política de Estado.

Ni fundas de comida antes del 24 ni juguetes el día 6, una forma generosa de cerrar y abrir el año y fechas que fueron efemérides reformistas.

Ellos mismos no se acordaron y solo se recordaron los medios para resaltar la falla de una costumbre que se había hecho ley.

Lo de muñecas y bicicletas fue negocio que aprovechó alguno de sus aventajados, pero también y sobre todo marca registrada de un sabueso que siempre encontraba la pieza.

Culpas del tiempo y no de Balaguer, un hombre de saco y corbata, a quien nadie vio jamás en mangas de camisa, y cuyo liderazgo ahora se representa con jacket y t-shirt.

Como si el antiguo estilo fuera más viejo que Siboney.

No tendrá con quien hablarlo, pero su disgusto será innegable al ver cómo sus improntas se olvidan, una forma de desaparecerlo hasta de la historia.

Los repartos ahora se hacen en Jarabacoa.

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