No es difícil quedarse en casa

Olvide el complejo del “gancho” de Zaglul...

Mucha gente no sale de su casa casi nunca y el encierro es su forma de vida. Las explicaciones huelgan, las razones son diversas.

Puede ser por enfermedad, o por edad, o por temperamento y hasta por un motivo nuevo: lo tóxico de cierta compañía.

La ciencia se ocupa del problema, pero no lo resuelve, pues esa conducta se da al revés y al derecho. No gustan los espacios abiertos (agorafobia) y tampoco los cerrados (claustrofobia).

También se da el caso de personas que trabajan en su casa o desde su casa y es un empleo que cada día se multiplica, incluso con buenos beneficios.

La cuarentena de estos días no debiera ser algo tan difícil de llevar o cumplir, si hay individuos que se guardan o recogen por decisión propia, por pura voluntad.

Sin embargo no es así, y no hay que dar vueltas para entender lo obvio. Lo que fastidia es la imposición, la obligación.

La orden es por su bien, pero el ser humano quiere decidir su bien, y no dejarlo a la autoridad, de la que siempre sospecha fines inconfesables.

Esta es la experiencia que se vive en estos días.

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