No se justifica rechazar la donación
Las ambulancias no sobran en los pueblos
En los campos algún gracioso se hace juglar de ocasión e interpreta coplillas pícaras. Por ejemplo: “Yo te estaba dando y tú no quisiste. Ahora límpiate el bozo y di que comiste”.
La pieza viene a cuento ante la reacción de dos o tres alcaldes electos a la donación de una ambulancia de parte de Luis.
El rechazo resulta inexplicable, y ni siquiera la política podría justificarlo, pues se conocen las carencias de los municipios. Ese tipo de transporte no abunda, o tal vez no exista, a menos que en la demarcación esté funcionando el sistema 911.
La circunstancia por demás es sanitaria.
“A caballo dado no se le mira colmillo”, y esa actitud debiera imponerse en estos momentos, pues no solo la generosidad, sino –también-la coincidencia de propósitos.
El coronavirus les está quedando grande a todos los gobiernos nacionales, por lo que no hay que suponer la situación de los locales.
Escasez e inopia por todos lados.
Los alcaldes no tienen que temer competencia política, pues hace rato que fueron beneficiados con el favor del pueblo y solo tienen que pensar en un mejor desempeño en el cargo.
Las ambulancias serían de ayuda en ese empeño.
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