¿Semáforos inteligentes? ¿Dónde?

No hay una sola solución para el tránsito...

Ahora que AMET va a dejar tranquilo el tránsito en las más importantes intersecciones de la capital, conviene recordar soluciones que se quedaron colgando sin ser limones.

Se protestaba la interferencia de los agentes, y se reclamaba el libre funcionamiento de los semáforos, y cosa rara, se le hizo caso a los conductores.

El actual flujo es bueno, pero no el mejor. Los llamados tapones continúan con la misma frecuencia, aunque con menor intensidad.

Y lo más curioso. Ahora el problema no es el policía, sino el propio semáforo. O un engaño a la vista o una deficiencia que se disimula.

Una vez se vendió la idea de unos equipos geniales que harían maravillas en los cruces de avenidas, e incluso se les puso un nombre que era aval de su mérito: semáforos inteligentes.

La calle podía ser idiota, y el conductor torpe, pero el semáforo resolvía por los dos. ¿Dónde, pues, están esos dichosos aparatos?

Si te vi, ya no me acuerdo, y como toda inteligencia artificial, habrá que esperar un poco más de futuro.

¿Y qué decir de la sincronización? Sin duda sigue en agenda.