Tregua forzada por las circunstancias

La campaña se antoja corta para febrero...

La Navidad tiene un encanto que a la política fascina. No hubo de imponerse la majestad de la Iglesia pidiendo tregua como en épocas anteriores. Cada candidato decidió recogerse por sí mismo. Sin importar lo que decidieran los demás.

El libre albedrío todavía tiene espacio, aunque no la íntima convicción que ya en justicia dejó de existir. Las emociones del juez ya no valen y las pruebas significan todo.

Hasta enero dijo uno y hasta enero dirán los otros, pues se guían por la lógica de la oportunidad. Que nadie se quede y tome ventaja, y no sería cuestión de nobleza, sino de estrategia.

Tiempo de revisar, evaluar y rediseñar la campaña, pues febrero tiene en su contra lo rápido que llega. Cuando vienen a darse cuenta, día 16 y urnas abiertas. Las municipales con todas sus consecuencias.

Enero no solo es Reyes, también La Altagracia y Duarte, todas fiestas de guardar, y que de seguro las campañas utilizarán a su modo y manera.

El reparto no se dejará esperar, pues de los que sean como los niños será el Reino de los Cielos, y el fervor provee el escenario de la Basílica y del Altar de la Patria.

Tregua por ahora, pues.

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