Un encuentro con cocorícamo
Falta mucho por saber de la reunión República Dominicana-Haití
El gobierno se ocupó de aclarar el agua antes de que se la enturbiaran. Dijo por boca de su vocero que la reunión de presidentes fue a solicitud de la parte haitiana.
Si avanzar ese detalle alivió su ánimo y aligeró la carga, bien. Que se lo tome como café con leche, y que le aproveche.
Sin embargo, debía saber que el dato no fue importante, ni relevante, ni venía al caso, pues lo que era y sigue siendo importante, y relevante, y sí viene al caso, fue la razón dada por la autoridad haitiana para juntarse con la dominicana.
No pudo haber sido una simple llamada a Cancillería o a Palacio, pues las relaciones estaban en suspenso, y del lado dominicano había tanto lloro que ni Jeremías, el profeta de las lamentaciones.
Habría que preguntarse, por ejemplo, qué llevó a los responsables de la parte haitiana a dar la boca a la contraparte dominicana.
Habría que preguntarse, por igual, si hubo algún tipo de mediación (de nación, organismo o persona), pues después del maná en el desierto, desde el cielo no cae nada. Y mucho menos bendiciones.
Falta, pues, mucho por decir, y sobre todo por saber.