Una cuarentena obligatoria...
La fuga de los presos haitianos obliga...
Si la guardia o la policía necesitan que sus pares del otro lado suministren fotos y huellas digitales para impedir que los fugados entren a territorio nacional, pueden desde ya declararse impotentes.
La tarea será imposible.
¿Cómo pedir lo que de seguro no tienen? Si Haití es un caos y un desorden en todos los aspectos, ¿cómo pensar que sus cárceles serán la excepción?
Además, no lo son, y es un hecho comprobado, demostrado. La mejor prueba son las frecuentes huidas de sus penados. Siempre masivas.
Los responsables de la línea divisoria deben tomar medidas por sí solos, sin pedir ni esperar ayuda de las autoridades haitianas, ellas mismas en falta.
Incluso, no deben entretener a la opinión pública con el sellado de la frontera, pues se supone que hace mucho se corrigieron las porosidades. Aunque desgraciadamente sigue entrando todo el que quiere y tiene medios. Ahora se impondría una acción a ultranza, de emergencia, de efectiva propiedad. Una especie de cuarentena: que no entre nadie hasta que se tenga un real control.
Obviamente que no hay de otra.
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