Dos políticos en el espejo

Dos seres humanos pueden ser parecidos, pero no iguales. En cambio, hay en nosotros características comunes que encontramos en figuras de la Humanidad, y que descubrimos en el estudio minucioso de los personajes vernáculos que incidieron en la política dominicana. Hay, por ejemplo, dos actores de nuestra historia con rasgos similares: Ulises Heureaux y el actual candidato opositor, Hipólito Mejía.

Actuando en circunstancias distintas, con habilidades parecidas, Heureaux fue el típico caudillo producto de aquella sociedad. Hipólito, con rasgos autoritarios similares, su atipicidad se halla en el hecho de que nació con las condiciones de caudillo, pero fuera de época.

Aunque nació en San Felipe de Puerto Plata, Ulises Hilarión Heureaux Lebert, conocido por el pueblo como Lilís, era hijo del haitiano José Alejandro D´Assás Heureaux Fortune y su madre, oriunda de Islas Vírgenes, fue Josefa Lebert. Curtido en los campos de batalla como jefe militar, Heureaux endureció su personalidad autoritaria sirviendo con coraje en las guerras restauradoras contra la Anexión a España, el movimiento emancipador que lideró el general Gregorio Luperón, a quien luego traicionó.

Ulises Heureaux no tenía, ni podía tener, una gran formación intelectual. Su padre, un capitán de la Marina Francesa, le dio la espalda junto a su madre, quienes tuvieron que arreglárselas para sobrevivir. Las condiciones del medio donde se desarrolló en Puerto Plata, tampoco permitían que pudiera alcanzar niveles superiores de formación. Esa débil preparación académica es una de las causas por las que sus gobiernos terminaron en un caos.

Se recuerda que Heureaux se vio forzado a emitir un papel moneda (las papeletas de Lilís) debido al gran endeudamiento para mantener el excesivo gasto militar, la maquinaria política y una red de soplones, sin que pudiera presentar una obra importante que beneficiara a la población dominicana.

Hipólito, con instintos políticos del siglo XlX, es quien más se parece a Lilís, entre el grupo de dirigentes del siglo XX. El candidato opositor tiene las cualidades del caudillo de la primera y segunda etapa republicana, pero fuera de contexto. Veamos, Hipólito se cree por encima de la Ley; se abroga el derecho de concentrar decisiones en su persona; asume a sus colaboradores como subordinados; dice admitir la disensión pero avasalla cuando se le contradice; su retrasada calidad psicológica lo lleva a tomar a pecho cualquier idea que le contradiga o perciba que le afecta directamente.

El peor peligro de Hipólito, empero, no son esas cualidades, sino el gran desconocimiento que tiene de los temas fundamentales, en una etapa de la humanidad en que éste es esencial. Esa falta de preparación era entendible en un personaje como Heureaux, en pleno siglo XlX, pues era producto del caudillaje y de nuestras malas formaciones.

En varios ensayos, el profesor Juan Bosch aborda el caudillaje, explicando que fueron las raíces económicas, políticas y sociales las que no permitieron que en República Dominicana se dieran las condiciones para que se forjara el caudillismo como expresión desarrollada, al estilo de otras regiones del planeta . A pesar de opiniones contrarias de historiadores que tipifican los casos dominicanos como caudillistas, me quedo con la tesis de Bosch en el sentido de que aquellos dominicanos con esos perfiles, dominando la escena política desde 1844 hasta 1961, no pueden compararse con los de su género, nacidos en países de condiciones materiales superiores a las nuestras.

Replanteo la tesis boschiana porque las raíces de nuestra arritmia histórica no la podemos buscar, ni siquiera, en la fundación de la República, sino en el hecho fortuito de nuestro accidentado descubrimiento por parte de Cristóbal Colón, en el año 1492.

Bosch en su libro ¨Trujillo, Causa de una Tiranía sin Ejemplo¨, afirma que las causas de nuestro atraso y desviaciones como Nación, hay que buscarlas, primero, en la mentalidad del Almirante, un italiano proveniente de una sociedad renacentista, y en los propiciadores de aquella expedición, los españoles, que Bosch define como "un pueblo guerrero, armado de un valor, pero con origen pobre".

En ese texto, Bosch enumera las razones de nuestra arritmia:

¨Por el abandono de la Metrópoli (por parte de España), por la presencia de fuerzas extranjeras en la isla, por la intervención decisiva de gobiernos extranjeros que buscaban riquezas en su territorio, Santo Domingo quedó desviado del curso natural de la historia americana".

Esa formación defectuosa de nuestra sociedad es la que explica la emergencia de líderes con rasgos autoritarios, como Ulises Heureaux en un contexto de escaso desarrollo material, político, cultural y social. Hipólito es un atípico por sus perfiles autoritarios, fuera de época.

El fracaso de Heureaux y el de sus contemporáneos parecidos, se explica porque fueron el producto de una sociedad deformada. Si bien, República Dominicana, hoy tiene enormes desafíos que le permita alcanzar el despegue al desarrollo, el país está mejor que cuando decapitaron a Heureaux y Trujillo.

El país atraviesa por una etapa de la Humanidad donde el perfil del liderazgo político a escala mundial está copado por individuos con actitudes especiales, con talento intelectual y el conocimiento como instrumento de poder. Necesitamos de líderes que manejen las emociones primarias, prioricen la razón y con la cabeza bien amueblada.