Duarte de la almas
La sociedad no puede ser mejor que el mejor de sus ciudadanos. El país que tenemos es la sumatoria de las particularidades de sus habitantes. Los defectos del dominicano son iguales a los defectos de la Nación. El espíritu de juerga, por ejemplo, aquí andamos de fiesta hasta en las funerarias; celebramos tan a menudo que parecemos no conocer de tragedias. La inclinación al despilfarro, que nos lleva a gastar como si tuviésemos un Potosí. Luchar cada uno con sus defectos es la forma de liberarnos de los defectos de la Patria. La salida es ser Duarte para nuestra almas. hfigueroa@diariolibre.com
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