Ed. - Vergüenza
Daba pena y vergüenza observar a un centenar de antiguos obreros del Consejo Estatal de Azúcar, llorar sus penurias porque nunca se le pagaron las prestaciones laborales, ni se les ha pensionado.
Eran la miseria en persona y cargaban una culpa que no era suya, pues durante décadas cortaron la caña que financió muchas aventuras del Estado dominicano, pero a la hora de reconocer su trabajo se les deja en el olvido.
¡Ay! los del montón salidos. Hoy no tienen fuerza ni para cargar sus penas, en un país que se da el lujo de botar el dinero en cuantos disparates se les ocurren al gobierno de turno, mientras aquellos vegetan en el oprobio.
Debiera ser un acto de rectificación nacional devolverles aunque sea la migaja de una pensión que les permita comprar unas medicinas o un poco de arroz, como retribución a su trabajo y a sus padecimientos.
No sería un acto de justicia, porque justicia no es dejarlos morir y luego darles una limosna. Este país es mejor que eso.
Debiera ser un acto de rectificación nacional devolverles aunque sea la migaja de una pensión que les permita comprar unas medicinas o un poco de arroz, como retribución a su trabajo y a sus padecimientos.
No sería un acto de justicia, porque justicia no es dejarlos morir y luego darles una limosna. Este país es mejor que eso.
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