Muerte de menores
La muerte de menores toca una fibra social de manera muy profunda
La muerte de dos menores en apenas dos días ha estremecido a la sociedad. Donaly Joel Martínez Tejada, de 12 años, murió en Santiago por el impacto de la bala disparada por un policía que ya se enfrenta hoy al proceso que ordena la ley.
En Higüey, Esmeralda Richiez, una adolescente de 16 años, falleció desangrada en su habitación. La policía investiga el caso e interroga a algunas personas.
La muerte de menores toca una fibra social de manera muy profunda. Son los años en los que deben estar seguros, cuidados por el entorno. Padres, vecinos, educadores... son los llamados a proteger estas vidas que, en demasiadas ocasiones, se ven envueltas en terribles sucesos y ni sus más allegados pueden resguardarles.
Los dos casos, de circunstancias muy diferentes, merecen ser considerados de manera independiente, pero con el objetivo común de entender por qué nuestra sociedad tiene lagunas tan serias a la hora de ofrecer a los menores un entorno seguro, al cual tienen derecho reconocido en la Declaración Universal de los Derechos de los Niños.
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