El presidente anda preocupado
El desafío de mitigar una crisis que no controlamos
En tiempos de turbulencia internacional, gobernar es, ante todo, administrar incertidumbre. La convocatoria del presidente Luis Abinader a los principales actores del comercio y la industria busca anticiparse a los efectos de una crisis que no controlamos, pero cuyos impactos sí estamos obligados a mitigar.
El alza sostenida de los precios del petróleo, por el conflicto en el Medio Oriente, actúa como una onda expansiva que termina golpeando el bolsillo de los más vulnerables. Congelar los combustibles, como hizo el Gobierno, no es una solución permanente, pero sí un dique temporal que implica un costo fiscal significativo. Es, en esencia, ganar tiempo.
Ahora bien, ese esfuerzo no puede recaer exclusivamente sobre el Estado. La estabilidad de precios es también una construcción colectiva que exige corresponsabilidad. El sector privado tiene en sus manos una cuota importante de ese equilibrio.
No es mucho lo que podemos hacer frente a una crisis global, pero sí evitar que sus efectos se agraven por prácticas locales. La especulación, en estos contextos, suele disfrazarse de oportunidad. Resistir esa tentación es tanto una obligación con el país como un desafío ético.
Probablemente sea, como se dice, llover sobre mojado. Pero hay que insistir. En momentos excepcionales, la responsabilidad debe imponerse sobre el beneficio inmediato.