El hambre retrocede
El logro responde a la combinación de crecimiento económico, producción agropecuaria, estabilidad en el abastecimiento de alimentos y políticas de protección social
La inclusión de República Dominicana entre los países que la FAO ubica en el nivel de “hambre cero” merece ser recibida como una buena noticia nacional. No porque el hambre haya desaparecido ni porque todos los dominicanos tengan garantizada una alimentación adecuada, sino porque indica que la subalimentación crónica ha dejado de ser un problema estructural para la inmensa mayoría de la población.
El reconocimiento tiene un mérito adicional. Se produce en un mundo donde el hambre continúa golpeando a cientos de millones de personas y donde los conflictos, el cambio climático y las dificultades económicas amenazan con revertir avances logrados durante décadas. En ese contexto, que el país haya recorrido el camino contrario es un dato mayor.
El logro responde a la combinación de crecimiento económico, producción agropecuaria, estabilidad en el abastecimiento de alimentos y políticas de protección social. Ninguno de esos factores, por sí solo, habría bastado. La experiencia confirma que la seguridad alimentaria exige continuidad, coordinación institucional y capacidad para proteger a los más vulnerables.
La satisfacción no debe convertirse en complacencia. Permanecen bolsones de pobreza, hogares con inseguridad alimentaria y desafíos nutricionales que van desde la desnutrición hasta la obesidad.
La mejor celebración consiste en convertir este éxito estadístico en una realidad cotidiana para todos los dominicanos, sin excepciones.