Capitalismo salvaje

La guerra que libran los capitalistas haitianos contra su pueblo con el solo objetivo de ampliar sus ganancias, es un propósito que puede revertirse de manera cruenta contra sus patrocinadores.

Una cosa es la necesidad del Estado haitiano de obtener más impuestos y otra condenar a ese sufrido pueblo a adquirir los productos que necesita para comer, alimentar y levantar sus viviendas, a un precio mucho más alto sólo para beneficiar a los que siempre lo han esclavizado.

Cobrar impuestos a camiones cargados de cemento, varillas, arroz o el producto que sea, no es una ciencia arcana que requiera de cálculos propios de un científico de la NASA. Basta un puesto de control de aduanas y los procedimientos mundialmente establecidos.

Pero, utilizar ese pretexto para hacer pagar más al pueblo haitiano por productos que pueden adquirir a mejor precio en casa del vecino, no tiene perdón de Dios.

Los gobiernos se hicieron para el hombre. Esa lección no debe olvidarse.