Comunicación
Una de las fallas más pronunciadas de toda organización -y el Gobierno lo es- es la falta de comunicación entre las diversas unidades que dan lugar a errores que causan daño, y afectan el funcionamiento del todo.
Ese es el caso de la declaración jurada de bienes, y la Cancillería, que emitió una instrucción a los embajadores respecto a que no tenían que presentar la declaración, porque interpretó que la nueva ley no se refería al personal diplomático.
Fuese que la Cancillería hiciera una interpretación errónea o no lo comunicara apropiadamente a otros estamentos del Estado, la realidad es que el hecho de que todos los embajadores se encontraran en la misma situación debió encender las alarmas en la Cámara de Cuentas antes de emitir un agravio contra el cuerpo diplomático del país.
Dice la historia que por una herradura se perdió un reino. La falta de comunicación es una señal de que algo hay que arreglar en las tuberías gubernamentales. Se impone una disculpa y un mea culpa si la hubiera.