El debate

Ayer, la Cámara de Representantes de los Estados Unidos realizó el debate sobre los artículos del “impeachment” (juicio político) contra el presidente Donald Trump.

Una lección para el mundo.

El debate iba a ser prolongado y al tratarse de un asunto de alto interés político para cada uno de los representantes, cuyo equivalente entre nosotros sería el diputado, se estableció una regla de tiempo para los discursos, generalmente de dos minutos por cada participación.

Ambas bancadas, alternadamente, expusieron sus puntos de vista sin exaltarse, ni insultar a los demás. Se trataba de un debate, es decir de una confrontación de ideas en el cual la esencia es la posición y el voto de cada uno de los representantes, no de egos, ni de un torneo de hablar alto o de descalificaciones.

¿Por qué no podemos comportarnos de la misma manera cuando debatimos los asuntos públicos?

Ejemplos como esos son los que hay que imitar, replicar como compromiso de una cultura distinta para las nuevas generaciones.

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