Enfermedad estatal
No pasa una semana sin que algún sindicato de trabajadores del Gobierno, sean maestros, médicos, enfermeras, analistas y otros, no llame a un paro de labores por reivindicaciones de diversos tipos.
Cada paro perjudica a la población, pero eso no parece arredrar a los organizadores.
Evidentemente, aquí siempre hay una excusa para afectar un servicio, pero esa no es la causa fundamental de los paros.
La primera razón es nuestra incapacidad para dialogar, porque diálogo significa reconocer las razones que pueda tener el otro, y eso es punto menos que imposible con algunos representantes sindicales.
La segunda razón es que los gobiernos no responden si no es bajo presión. Por más cartas que se les envíen, no dan respuesta hasta que se altera el orden. Este es un pecado grave.
Finalmente, a los sindicatos les ha ido bien porque luego de la presión las autoridades responden y no hay penalidad para el sindicato, es decir, no se les descuentan los días sin trabajar.
Hay que cambiar esta contracultura.
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