Pluralismo ético

Una sociedad democrática es, por definición, una sociedad plural en la cual compiten las más diversas opiniones y cosmovisiones. Es “un mercado de ideas”, como la definió un destacado jurisconsulto.

En toda sociedad democrática las normas son plurales, porque la sociedad no es monolítica, sino abierta a corrientes de pensamiento, a religiones y a preferencias, todo dentro del orden que establecen las leyes y de una base ética común de principios mínimos.

Los ciudadanos comparten ideas generales sobre la justicia, la libertad, la igualdad y la tolerancia, para citar algunos. No quiere decir que todos pensemos igual sobre estos temas, sino que reconocemos su importancia y los invocamos en determinadas situaciones.

La penetración y poder de esos y otros valores definen el grado de democracia que tenemos y la profundidad de las creencias democráticas de quien las postula.

Por eso, ni los absolutismos ni las descalificaciones tienen lugar en una sana democracia. Son, quizás, síntomas de una enfermedad del cuerpo social que debe ser trata con diligencia.