Política, poder y sumisión
Los dominicanos hemos dejado que los políticos hagan y deshagan y ahora no sabemos cómo pararlos.
El poder tiende a hacerse absoluto. Lo único que lo detiene es la vigilancia constante de los ciudadanos que cuidan sus derechos y su vida democrática con celo de madre. Por tanto, es nuestro deber impedir que la política, usando el poder, lo arrope todo.
Estamos asistiendo al triunfo absoluto de la política. Ya no se habla de economía, de las soluciones a problemas ancestrales del país. La educación solo se menciona para hablar mal de ella y la salud depende de quien pueda pagarla. Pero de política hablamos todo el día, la vivimos y la sufrimos como si todo dependiera de ella.
Y eso es lo que parece. Somos tan dependientes del poder, es decir, del político de turno, que inclinamos la cabeza ante ese rey sin corona que todo lo puede pues lo controla todo.
Ahí está el problema. No es la política, sino el control del poder que permite someter a todos a la ignominia de aceptar que todo es posible desde el Estado y nada es posible contra él. De ahí nuestra apatía y resignación. Estamos mal.
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