Sueño sobre el año escolar
Una educadora española se pregunta, en un artículo que circula en las redes, “¿y qué pasa si los niños ‘pierden’ el año escolar? ¿Y si en lugar de aprender matemáticas aprenden a cocinar, a coser su ropa y a limpiar, a cultivar un huerto, una planta?
¿Y si aprenden a cantarles canciones a sus abuelos o a sus hermanos más pequeños? ¿Y si aprenden a cuidar a sus mascotas y a bañarlas?
¿Y si desarrollan su imaginación y pintan un cuadro, o si aprenden a ser más responsables y a estar más conectados con toda la familia en la casa?
¿Y si nosotros los padres les enseñamos a ser buenas personas, y si nosotros padres, aprendemos lo mismo?
¿Y si aprenden y saben que estando juntos y sanos es mucho mejor que tener el último móvil de moda?
A lo mejor eso nos falta y si ellos aprenden, a lo mejor no perdamos un año, a lo mejor ganamos un tremendo futuro...”
¿Y qué tal si los maestros aprovechan el “año perdido” para prepararse para la nueva educación en las modalidades que se vislumbran?
En verdad, no sería un año perdido.
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