Una guerra silente
Nada define mejor el momento que están pasando todos los países con relación al COVID-19, que describirlo como una situación fluida.
Fluida porque varía de hora a hora y de zona a zona. Es posible que una ciudad pueda estar en fase tres y otra cercana no poder despegar de la fase uno. Países que han declarado su victoria contra la pandemia, tienen que recoger su entusiasmo e imponer nuevas restricciones a su población. En fin, una situación tan cambiante como la “estabilidad” de los fluidos.
Esta característica hace que la pandemia provoque tantas reacciones negativas, pues el ser humano se niega a cumplir con medidas cuya causa no puede ver. No es lo mismo estar en guerra y apreciar la destrucción de edificios y otras obras, que luchar contra un enemigo invisible.
Sin embargo, esta es una guerra de nuevo tipo, sin el ruido de cañones, pero igualmente mortal. Que ha destruido la cotidianidad como la conocíamos y que solo puede ganarse si hacemos el sacrificio simple de llevar una mascarilla, lavarse las manos y mantener la distancia. No es tan difícil, ¿verdad?
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