Vladimir, el inmortal

Lo dijo al iniciar sus palabras al ser elevado al Salón de la Fama del Béisbol de las Grandes Ligas: “Cuando jugaba dejé que mi bate hablara por mí”, y al decirlo se quedó corto porque también su velocidad, su defensa y su brazo hablaron por él en su carrera de dos décadas.

La placa que permanecerá por siempre en Cooperstown habla de que fue un jugador de las cinco herramientas. Lo que no puede decir la placa es cómo un hombre sencillo, de pocas palabras y muy tímido podía jugar con tanta pasión y producir números tan impresionantes. Su promedio de bateo de por vida es un formidable .318, con 449 jonrones y menos de mil ponches en más de 8 mil turnos al bate.

Vladimir Guerrero, la “Tormenta de Don Gregorio”, como fue bautizado, representa lo que tiene de humilde y de noble el alma dominicana. Es ese hombre que vivirá por siempre en el templo del béisbol, el que usted encuentra pescando sencillamente en las playas que visitó en su infancia, cuya fortuna y fama no han cambiado al niño que siempre vivirá en él. Esto es lo que explica su éxito y por qué lo exaltamos como un auténtico patrimonio nacional.