El inmovilismo
La característica esencial de las instituciones en la sociedad dominicana es el inmovilismo de sus dirigentes.
Ya sean públicas o privadas, todas las instituciones criollas acusan la misma enfermedad.
La reelección, despreciada por todos cuando se trata del sistema político, es buscada y querida en todas las demás.
La famosa frase atribuida a Felipe González, el dirigente socialista español, cuando regresó muchos años después al país y visitó a la dirigencia del Partido Revolucionario Dominicano, es válida para federaciones deportivas, asociaciones de empresarios, partidos políticos, universidades y ONG: "Pero si son los mismos".
La regla es que quien pierde un torneo electoral o unas primarias, o unas elecciones en el sector privado, se retire, pero no aquí. Los perdedores insisten con igual fe que los ganadores y hay que buscarles su tajada.
En las asociaciones empresariales se da una especie de rotación que no cambia nada, pues la cosa pasa de hijos a padres, o de empleadores a empleados. En todo caso, se sabe quiénes son los que mandan.
Analizando el fenómeno más profundamente, quizás esta permanencia de las personas es lo que hace que muchas instituciones permanezcan inmóviles, que sea imposible cambiarlas. La persistencia de prácticas perversas parece ser la consecuencia de unas lecciones no olvidadas. En estos casos, los hombres parecen ser las instituciones y esos hombres son los mismos. Eso es lo que hay que cambiar.
atejada@diariolibre.com
La famosa frase atribuida a Felipe González, el dirigente socialista español, cuando regresó muchos años después al país y visitó a la dirigencia del Partido Revolucionario Dominicano, es válida para federaciones deportivas, asociaciones de empresarios, partidos políticos, universidades y ONG: "Pero si son los mismos".
La regla es que quien pierde un torneo electoral o unas primarias, o unas elecciones en el sector privado, se retire, pero no aquí. Los perdedores insisten con igual fe que los ganadores y hay que buscarles su tajada.
En las asociaciones empresariales se da una especie de rotación que no cambia nada, pues la cosa pasa de hijos a padres, o de empleadores a empleados. En todo caso, se sabe quiénes son los que mandan.
Analizando el fenómeno más profundamente, quizás esta permanencia de las personas es lo que hace que muchas instituciones permanezcan inmóviles, que sea imposible cambiarlas. La persistencia de prácticas perversas parece ser la consecuencia de unas lecciones no olvidadas. En estos casos, los hombres parecen ser las instituciones y esos hombres son los mismos. Eso es lo que hay que cambiar.
atejada@diariolibre.com
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