El olor del dinero
La ironía de la historia hizo que la frase pronunciada por un emperador austero sirviera para describir la filosofía financiera de los gobernantes que no lo son. El emperador Vespasiano, obligado por el desastre económico dejado por Nerón, creó nuevos impuestos; uno de ellos gravó los urinarios públicos. A la pregunta de su hijo Tito, de si no era repulsivo ese impuesto, respondió: el dinero no tiene olor. La incapacidad de olfatear el olor del dinero es la razón de que la corrupción política y el narcotráfico originen fortunas mal perfumadas. Si seguimos tapándonos la nariz, perderemos hasta la cabeza. hfigueroa@diariolibre.com
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