En directo - DOMINICANO POR NACIONALIDAD Y CIUDADANíA
¿Nacionalidad o ciudadanía? La indecisión se plantea a menudo a mucha gente.
Un dominicano que viva en el extranjero se pregunta o le preguntan por su nacionalidad. Sobre todo por su estatus en el país extranjero, es decir, por todo lo relacionado con la ciudadanía.
La respuesta no es fácil; la decisión es cruel y por lo general no depende del interesado. En diversas ocasiones me vi en esa encrucijada. Era dominicano de nacimiento y de sangre, pero no era ciudadano de ningún lado. Carecía de los derechos que otorga ser ciudadano.
A veces no se sabe que es mejor. Que se hace con la nacionalidad sin la ciudadanía? La ciudadanía es lo que da derecho; los derechos de bolsillo, los que ejerce diariamente: votar, comprar propiedades, montar un negocio, casarte, ejercer una profesión, y hasta ser Presidente de la República.
Si eres de una nacionalidad, por ejemplo, dominicana y vives en tu país, y por alguna razón careces de los derechos ciudadanos, de que te sirve? Un miserable puede ser dominicano de sangre y nacimiento, pero por lo regular no es un ciudadano: se encuentra privado de hecho, aunque no de derecho, de sus derechos fundamentales. Entonces de que le sirve ser dominicano?
En cambio, un extranjero residente o no, con muchos recursos, goza de todos los derechos. Puede incluso llegar a ser Presidente de la República, como ya se ha visto en el país. El tema es complejo, por lo menos, así lo viví y lo vivo en mi propia experiencia, y lo observo en la experiencia de muchos dominicanos.
Los estamentos del Estado y sus adláteres siempre han pretendido que son los dueños de la pregunta y la respuesta sobre la nacionalidad y la ciudadanía.
Consideran que ese es un asunto propio de una jerga jurídica, que hay intereses supremos y sagrados de la nación y la Patria de los que son guardianes.
Pero los nacionales y los ciudadanos, sujetos y fin de las leyes, qué lugar ocupan en el asunto. ¿Qué tiene que decir el pueblo en toda esta polémica?
Me siento dominicano. Soy dominicano. Y lo fui en circunstancias en que serlo era una desventaja. Pude y aún puedo hoy, mudarme hacia otra nacionalidad, pero nunca lo he pensado. Nadie me impone esa condición en una ley o una constitución. Es un sentir y un querer, simplemente.
¿Y de la ciudadanía, qué hay? No la siento con igual plenitud como vivo mi nacionalidad. Es una ciudadanía mediatizada, controlada, administrada y sin grandes beneficios, aunque sea dominicano y viva en mi país.
Aquí la ciudadanía es sólo un papel que otorga ciertos derechos y un cúmulo insoportable de deberes. Que se adquiere bajo ciertas condiciones. Que el Estado otorga a quienes cumplen esas condiciones establecidas por funcionarios que no siempre actúan como dominicanos ni como ciudadanos.
Soy dominicano de nacionalidad y ciudadanía. La primera la llevo en el corazón, la segunda en la cartera, a veces, rota.
matosmoquete@hotmail.com
A veces no se sabe que es mejor. Que se hace con la nacionalidad sin la ciudadanía? La ciudadanía es lo que da derecho; los derechos de bolsillo, los que ejerce diariamente: votar, comprar propiedades, montar un negocio, casarte, ejercer una profesión, y hasta ser Presidente de la República.
Si eres de una nacionalidad, por ejemplo, dominicana y vives en tu país, y por alguna razón careces de los derechos ciudadanos, de que te sirve? Un miserable puede ser dominicano de sangre y nacimiento, pero por lo regular no es un ciudadano: se encuentra privado de hecho, aunque no de derecho, de sus derechos fundamentales. Entonces de que le sirve ser dominicano?
En cambio, un extranjero residente o no, con muchos recursos, goza de todos los derechos. Puede incluso llegar a ser Presidente de la República, como ya se ha visto en el país. El tema es complejo, por lo menos, así lo viví y lo vivo en mi propia experiencia, y lo observo en la experiencia de muchos dominicanos.
Los estamentos del Estado y sus adláteres siempre han pretendido que son los dueños de la pregunta y la respuesta sobre la nacionalidad y la ciudadanía.
Consideran que ese es un asunto propio de una jerga jurídica, que hay intereses supremos y sagrados de la nación y la Patria de los que son guardianes.
Pero los nacionales y los ciudadanos, sujetos y fin de las leyes, qué lugar ocupan en el asunto. ¿Qué tiene que decir el pueblo en toda esta polémica?
Me siento dominicano. Soy dominicano. Y lo fui en circunstancias en que serlo era una desventaja. Pude y aún puedo hoy, mudarme hacia otra nacionalidad, pero nunca lo he pensado. Nadie me impone esa condición en una ley o una constitución. Es un sentir y un querer, simplemente.
¿Y de la ciudadanía, qué hay? No la siento con igual plenitud como vivo mi nacionalidad. Es una ciudadanía mediatizada, controlada, administrada y sin grandes beneficios, aunque sea dominicano y viva en mi país.
Aquí la ciudadanía es sólo un papel que otorga ciertos derechos y un cúmulo insoportable de deberes. Que se adquiere bajo ciertas condiciones. Que el Estado otorga a quienes cumplen esas condiciones establecidas por funcionarios que no siempre actúan como dominicanos ni como ciudadanos.
Soy dominicano de nacionalidad y ciudadanía. La primera la llevo en el corazón, la segunda en la cartera, a veces, rota.
matosmoquete@hotmail.com
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