En directo- En el centenario de erwin walter palm

Walter Palm y su esposa Hilde, en fotografía del año 1942.
La Fundación Erwin Walter Palm debe su nombre en permanente homenaje conmemorativo a un investigador incansable, nacido en Alemania hace 100 años, el 27 de agosto de 1910, cuyo nombre fue universalizado en favor a su dedicación al estudio humanístico, histórico y antropológico del acervo cultural dominicano entre 1940 y 1950.

Poeta, dramaturgo, arqueólogo y lingüista, Palm redescubre a Santo Domingo y particulariza estudios sobre cada uno de sus monumentos al detalle, publicando trabajos en toda América, desde Buenos Aires hasta Washington. México, Caracas y Ciudad Trujillo son las otras capitales donde se publican las obras de Palm. En República Dominicana la capital tenía el nombre bochornoso del dictador de turno entre 1954 y 1955, años en que se publicaron diez de sus ensayos.

Palm, fue un ser humano con sus defectos y virtudes que dejó una herencia cultural palpable en ese redescubrimiento poco abordado por la intelectualidad dominicana. El centenario de su nacimiento coincide con la declaratoria de Santo Domingo 2010 Capital Americana de la Cultura.

A ese tenor, interpretando los rasgos de descendencia cultural del personaje que le sirve de identificación a la entidad de la cual quien se suscribe es Secretario General, pedimos a unos y otros, a autoridades y ciudadanos, revertir una mirada de reflexión sobre la ancestral e histórica ciudad capital dominicana, sobre su casco fundacional, sobre la frágil zona o ciudad colonial, sus monumentos arquitectónicos edificados en el pasado remoto, sus amenazados ambientes y sus deteriorados detalles, sus abandonados encantos y atractivos, todo en peligroso proceso gradual pero incesante, de deterioro físico.

Esa sorpresa positiva que este tesoro artístico y cultural, de formas y espacios, piedras y argamasa, simbolismos y herencias le causara en la década del 40 del siglo pasado, al erudito y políglota, ahora sorprende negativamente a propios y extraños por el inexcusable abandono, por el repugnante sucio y por la falta de acciones emprendedoras sobre las particularidades de ese memorable entorno, para que culmine el arduo y lento proceso de rescate, salvaguarda, restauración, conservación y protección de ese acervo hereditario que es Patrimonio de la Humanidad y que empezó hace 44 años cuando los primeros estudios vieron la luz pública en los difíciles años de pos guerra.

Palm fue testigo, a su regreso, de los atrevimientos arriesgados de las intervenciones románticas de Javier Barroso, perforando el ábside del templo de los Jesuitas que ahora es el Panteón Nacional para agenciarse la luz del poniente y con la reconstrucción un tanto caprichosa, aunque apegada a referencias equidistantes de otras restauraciones españolas, del Alcázar Virreinal de la familia Colón o simplemente Alcázar. Como buen extranjero calló en público, no así en privado. Quizás, con él aquí, los resultados e esas intervenciones hubieran sido más afortunadas.

Palm nunca polemizó. No era posible hacerlo en aquel tiempo en que las ruinas del Fuerte de San Jerónimo fueron devastadas desde su explosión provocada en 1937 (4 de noviembre), y que posteriormente sirvieron de asentamiento a la avenida que fue abierta para el fatuo del 1955. Emilio Rodríguez Demorizi era su cómplice en el silencio y su aliado cultural, junto a otros no menos distinguidos por sus conocimientos, ensombrecidos de dudas al servicio del dictador.

Tras le derrota alemana en Europa, Palm prefirió regresar a seguir callando en República Dominicana. Volvió, pero ya esto era otra cosa...