En directo - LOS YUNGAS, LA COCA Y EL NARCOTRAFICO
El recorrido para llegar hasta el valle de Los Yungas, perteneciente al Departamento La Paz, en Bolivia, tarda aproximadamente cuatro horas, partiendo de la capital boliviana La Paz. Los estudios hechos por investigadores califican a la región Yunga como la de mayor producción de precipitaciones en todo el planeta, un promedio de 1,000 a 2,000 milímetros al año.
Su nombre proviene del quechua Yunka, que significa "valle cálido", que utilizaron los españoles al llegar a Perú para denominar a los incas y la lengua que éstos hablaban. La región de Los Yungas no sólo es característica por su apabullante vegetación, sus impresionantes ríos, laderas y por sus infinitos precipicios, sino que desde tiempos pre colombinos, las culturas andinas cultivaban la coca, de la que se elabora la cocaína, una de las mercancías más codiciada por las redes de narcotraficantes y origen de miles de muertos en todo el mundo, pero también de grandes fortunas.
Desde antes de la llegada de los españoles al norte de Perú, los indios Yungas ya cultivaban la coca. Excavaciones realizadas en Ecuador hace poco, establecen que "la experiencia humana con el arbusto de coca tiene como mínimo cinco milenios de antigüedad", según Antonio Escohotado en su "Historia General de las Drogas". Todas las investigaciones sobre la historia indígena refieren que en el continente americano, las tribus utilizaban diferentes plantas y sustancias psicoactivas por diferentes motivos. El mismo autor cita que "el primer informe botánico español, redactado en 1496, menciona que los taínos de La Española inhalaban polvo de cohoba para comunicarse con el mundo de los espíritus". Por otro lado, varios cronistas incas plantean que el consumo de la coca estuvo reservado a una élite muy reducida. Como se ve es una tradición de siglos de los indígenas de esa zona.
De acuerdo con los arqueólogos, en el siglo XVII es que se consolida el cultivo y comercialización de la hoja de coca, siendo El Cuzco la primera zona productora bajo el Virreinato de Lima, que luego se extendió a otros territorios bolivianos de Chapare, provincia perteneciente al Departamento de Cochabamba.
Desde esa época a la fecha, las cosas han cambiado mucho, por lo menos en lo relativo a la siembra y comercialización de coca en esas tierras andinas, donde los indígenas descendientes de Los Yungas son los responsables del cultivo de miles de tareas de tierras cocaleras. En los años 1996 y 1997 es cuando Perú, y luego Colombia, desplazan a Bolivia en superficie de terreno cultivable de coca. Los cocaleros del Perú no eran propietarios, sino que eran colombianos productores de la hoja.
A partir de que se aprobó la Ley 1008, en Bolivia se da reconocimiento a los cultivos lícitos y tradicionales para la medicina, masticación y rituales religiosos en el contexto legal, lo que determinó un límite de extensión de cultivos lícitos y paralelamente se consiguió consolidar una desmitificación del consumo para rituales.
Hace algunas semanas, esta zona fue escenario de fuertes conflictos que provocaron el cierre de las carreteras andinas bolivianas, que comunican a La Paz con Los Yungas, conflictos auspiciados por los productores de coca, quienes reaccionaron ante los anuncios de regulaciones gubernamentales a la expansión de los cultivos de la hoja en zonas prohibidas
De acuerdo con las informaciones de la Organización de las Naciones Unidas, la siembra de hoja de coca en la región ha sobrepasado los límites establecidos por la Ley 1008, con lo cual se establece una sobreoferta de hoja de coca, que eventualmente va a parar a los mercados de las redes de narcotraficantes.
El presidente Evo Morales, quien es líder de las federaciones que agrupan a los productores de hoja de coca, sustentadores políticos del mandatario, ha sostenido que se debe limitar la expansión de los cultivos y propuso la reducción pacífica y controlada de los excedentes para evitar que éstos vayan a parar a los almacenes de los narcotraficantes.
El propio presidente Morales ha reconocido en más de una ocasión que buena parte de la hoja de coca que se cultiva en Los Yungas se desvía al narcotráfico. El mandatario boliviano habla con propiedad porque aún es el líder de las federaciones del Trópico de Cochabamba, que agrupa por lo menos 25,000 productores, cuya presidencia ostenta.
Como he planteado en el libro "Figueroa Agosto: El Poder del Narco", el de las drogas es un problema global de producción, comercialización, distribución y consumo que debe ser discutido en el seno de las Naciones Unidas para buscar soluciones conjuntas a problemas complejos que conlleva ese comercio.
Mientras llega una regulación transnacional, países como República Dominicana se ven compelidos a endeudar su futuro para adquirir radares, aviones y otros equipos para defenderse de esa plaga. La compra de los aviones Súper Tucanos A-29B por 93.0 millones de dólares, por ejemplo, ha sido para bien de acuerdo con los resultados.
En 2007 fueron captadas 97 trazas de aviones procedentes de América del Sur que dejaban caer la droga en aguas territoriales dominicanas o en tierra. Las autoridades calculan en 38, 800 kilos traídos para esa fecha. En el año 2008, se detectaron 123 trazas de aviones ilegales, lo que se calcula en 42,200 kilos llegados al país por esa vía. El año pasado, fecha en que comienzan a operar los Tucanos, la cantidad de aeronaves sospechosas bajó a 62. En lo que va de este año 2010, los organismos de seguridad sólo han registrado ocho vuelos sospechosos. Evidentemente que los bombardeos de drogas han disminuido, a pesar de las reservas de algunas personas con relación a la compra de los aviones.
Si bien hay que regular los volúmenes de producción de hoja de coca en las cordilleras andinas, a los fines de reducir los niveles de oferta, y por vía de consecuencia reducir el consumo, los descendientes de Los Yungas de esa región tienen que seguir viviendo de lo que ha sido su tradición.
Ha habido en el pasado propuestas de siembras alternativas de otros cultivos, a los fines de que los grupos indígenas que viven de la hoja de coca puedan seguir subsistiendo junto a sus familias. Se sabe que en la región de Los Yungas, numerosas personas subsisten por la siembra de otros productos, que han sido sustituidos en los últimos años por la hoja de coca, cuya producción se incrementó en un 50 por ciento. Los indios de la región de Los Yungas deben vivir, nuestros jóvenes también. Ese es el dilema.
De acuerdo con los arqueólogos, en el siglo XVII es que se consolida el cultivo y comercialización de la hoja de coca, siendo El Cuzco la primera zona productora bajo el Virreinato de Lima, que luego se extendió a otros territorios bolivianos de Chapare, provincia perteneciente al Departamento de Cochabamba.
Desde esa época a la fecha, las cosas han cambiado mucho, por lo menos en lo relativo a la siembra y comercialización de coca en esas tierras andinas, donde los indígenas descendientes de Los Yungas son los responsables del cultivo de miles de tareas de tierras cocaleras. En los años 1996 y 1997 es cuando Perú, y luego Colombia, desplazan a Bolivia en superficie de terreno cultivable de coca. Los cocaleros del Perú no eran propietarios, sino que eran colombianos productores de la hoja.
A partir de que se aprobó la Ley 1008, en Bolivia se da reconocimiento a los cultivos lícitos y tradicionales para la medicina, masticación y rituales religiosos en el contexto legal, lo que determinó un límite de extensión de cultivos lícitos y paralelamente se consiguió consolidar una desmitificación del consumo para rituales.
Hace algunas semanas, esta zona fue escenario de fuertes conflictos que provocaron el cierre de las carreteras andinas bolivianas, que comunican a La Paz con Los Yungas, conflictos auspiciados por los productores de coca, quienes reaccionaron ante los anuncios de regulaciones gubernamentales a la expansión de los cultivos de la hoja en zonas prohibidas
De acuerdo con las informaciones de la Organización de las Naciones Unidas, la siembra de hoja de coca en la región ha sobrepasado los límites establecidos por la Ley 1008, con lo cual se establece una sobreoferta de hoja de coca, que eventualmente va a parar a los mercados de las redes de narcotraficantes.
El presidente Evo Morales, quien es líder de las federaciones que agrupan a los productores de hoja de coca, sustentadores políticos del mandatario, ha sostenido que se debe limitar la expansión de los cultivos y propuso la reducción pacífica y controlada de los excedentes para evitar que éstos vayan a parar a los almacenes de los narcotraficantes.
El propio presidente Morales ha reconocido en más de una ocasión que buena parte de la hoja de coca que se cultiva en Los Yungas se desvía al narcotráfico. El mandatario boliviano habla con propiedad porque aún es el líder de las federaciones del Trópico de Cochabamba, que agrupa por lo menos 25,000 productores, cuya presidencia ostenta.
Como he planteado en el libro "Figueroa Agosto: El Poder del Narco", el de las drogas es un problema global de producción, comercialización, distribución y consumo que debe ser discutido en el seno de las Naciones Unidas para buscar soluciones conjuntas a problemas complejos que conlleva ese comercio.
Mientras llega una regulación transnacional, países como República Dominicana se ven compelidos a endeudar su futuro para adquirir radares, aviones y otros equipos para defenderse de esa plaga. La compra de los aviones Súper Tucanos A-29B por 93.0 millones de dólares, por ejemplo, ha sido para bien de acuerdo con los resultados.
En 2007 fueron captadas 97 trazas de aviones procedentes de América del Sur que dejaban caer la droga en aguas territoriales dominicanas o en tierra. Las autoridades calculan en 38, 800 kilos traídos para esa fecha. En el año 2008, se detectaron 123 trazas de aviones ilegales, lo que se calcula en 42,200 kilos llegados al país por esa vía. El año pasado, fecha en que comienzan a operar los Tucanos, la cantidad de aeronaves sospechosas bajó a 62. En lo que va de este año 2010, los organismos de seguridad sólo han registrado ocho vuelos sospechosos. Evidentemente que los bombardeos de drogas han disminuido, a pesar de las reservas de algunas personas con relación a la compra de los aviones.
Si bien hay que regular los volúmenes de producción de hoja de coca en las cordilleras andinas, a los fines de reducir los niveles de oferta, y por vía de consecuencia reducir el consumo, los descendientes de Los Yungas de esa región tienen que seguir viviendo de lo que ha sido su tradición.
Ha habido en el pasado propuestas de siembras alternativas de otros cultivos, a los fines de que los grupos indígenas que viven de la hoja de coca puedan seguir subsistiendo junto a sus familias. Se sabe que en la región de Los Yungas, numerosas personas subsisten por la siembra de otros productos, que han sido sustituidos en los últimos años por la hoja de coca, cuya producción se incrementó en un 50 por ciento. Los indios de la región de Los Yungas deben vivir, nuestros jóvenes también. Ese es el dilema.
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