En directo - Pocos principios para todos
"Denme una palanca y un punto de apoyo y moveré el mundo". Quien eso dijo, Arquímedes, descubrió el principio básico que mueve todas las cosas: la unidad de propósito en torno a un centro. Un gran principio sintético domina el entendimiento ante la inmensa cantidad y diversidad de lo existente. No un principio para cada cosa. La multiplicación de criterios confunde y debilita, incluso cuando se argumenta en nombre de la mejor causa.
Y sin embargo, muchos pueblos todavía no han podido captar ese sentido esencial. Se empeñan en multiplicar las leyes y ampliar las divisiones de sus entidades. Se busca enfatizar los particularismos y las diferencias. Se pretende que por la vía de la segmentación y la diversificación, se es más libre, más creativo y que se procurará mayor progreso.
Tremendo error. Error de conocimiento y error de propósito. Ahí está Bolivia, uno de los países más pobres del continente americano, empeñada en dividir sus esfuerzos y sus recursos a través de la autonomía de las regiones más prósperas.
En Francia existen numerosas lenguas regionales, como el celta, el bretón y occitano. El gobierno actual quiso consagrar en la constitución su reconocimiento como "tesoro lingüístico" de la nación. El Senado de la República y la Academia Francesa de la Lengua le salieron al paso a ese invento anacrónico. Reclamaron y lograron que se respetara el artículo 2 de la constitución: el francés es la lengua de la República.
En España en estos días se ha planteado un caso similar. Un grupo de intelectuales encabezado por el filósofo Fernando Savater ha hecho un llamado para que el español, lengua de la nación española, no sea objeto de limitación y discriminación en las comunidades autonómicas de España, en donde por razones étnicas se favorece el habla y la educación en otras lenguas: el gallego, el vasco, el catalán, etc.
Fue precisamente Fernando Savater quien en República Dominicana, en la Feria del Libro de 2006, advirtió sobre el peligro de enfatizar las particularidades, por encima de los valores comunes de los pueblos y la humanidad. Decía el filósofo que hoy la tendencia es destacar lo que nos diferencia sobre lo que nos une; sin pensar que cuando se reconoce y se respeta lo que es común a todos, las diferencias se hacen menores y menos significativas.
Si todos nos atenemos a los principios y los valores básicos de los derechos humanos, sobran las reivindicaciones particulares. Un pensamiento común y sintético debe ser la búsqueda de todos, y trabajar hacia las mismas metas. Ese es el camino y no otro.
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