En directo - Tensión e incertidumbre

Hay tensión en el ambiente. La preocupación y la incertidumbre comienzan a emerger. La clase media da señales de alerta.  La iglesia, por medio de Monseñor Flores, en un reciente artículo de reflexión en cuaresma publicado en este diario, avisa con respecto al peligro de la droga del poder.

El centro de la tormenta se sitúa en las acciones dirigidas a retorcer el espinazo de la Constitución.

A esto se añade la controversia e indefinición en el principal partido de oposición, que apunta a fracturar su liderazgo; y las presiones dentro del partido de gobierno para paralizar la voluntad del liderazgo alternativo. 

El país siente los efectos de la crisis económica mundial y contempla la conmoción que mueve a pueblos, hasta ahora sumisos, a imponer la finalización del continuismo mesiánico. La nación está consciente de las limitaciones económicas internas.

Ese conjunto de circunstancias debe llevarnos a la reflexión, sobre todo con respecto a las causas básicas del desasosiego.

No hay manera de justificar la aprobación de leyes orgánicas, como la del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), por simple mayoría, cuando la constitución establece la necesidad de mayoría calificada de dos tercios de los presentes.

Si se permitiese, quedarían rotos los contrapesos establecidos, se castraría la función legislativa y, peor aún, se entraría en un peligroso vacío de legitimidad.  

La ley del CNM es la clave de la organización del entramado jurídico. De ahí  se deriva la integración de la Suprema Corte de Justicia, Tribunal Constitucional y Tribunal Electoral, piezas maestras del ordenamiento democrático. De ahí surgirá también la designación de los jueces.

Si  el Consejo Nacional de la Magistratura nace viciado, ilegítimo, aunque "legal", transmitirá ese estigma a las demás instituciones. Habremos creado un pandemónium.

Y nadie estaría obligado a respetar lo que es ilegítimo. Podría surgir el intento de alterar la paz social y hacer justicia por las propias manos para retornar a la normalidad constitucional. Ese es un panorama aterrador.

El camino iniciado por algunos está lleno de riesgos, no conduce a parte alguna, salvo al abismo o al suicidio político. 

Por tanto, es hora de que retorne la cordura.

Hay una amplia clase silente, no alineada en términos partidarios, que espera expectante que la sensatez retorne y las aguas desbordadas regresen a su cauce. Y toma nota, callada, de los actores,   histriones y titiriteros que mueven los hilos de la actual Babel.

Mientras tanto, los ciudadanos conscientes deben estar pensando, impotentes, qué puede hacerse.

Hay que volver a conocer  y aprobar, por mayoría de dos tercios, la ley del CNM, asegurando así la legitimidad. 

Hay que apoyar al Presidente Fernández para que pueda concluir con éxito su obra y salir con la frente en alto.

Hay que rogar para que el partido de gobierno organice pronto su proceso de primarias y permita la expresión libre de su variado liderazgo.  

Hay que pedir que el partido mayoritario de oposición resuelva sus profundas diferencias, se convierta en opción real de poder  y ejerza su labor de servir de contrapeso.

Es tiempo de amansar las pasiones y reducir las ambiciones.