En directo - Velorios

Velorio o velatorio. Buscando definiciones para este término encontramos lo consabido: que es el acto de velar a un difunto.

Pero, también, fiesta que se torna muy aburrida. Y eso es un contrasentido, hasta cierto punto, porque no hay velorio que no se convierta en una amigable reunión donde todos o casi todos se la pasan contándose los últimos chistes y, claro, los últimos chismes.

Lo normal en un velorio es que, tratándose el finiquitado de un hombre de empresa, un relevante político o un alto miembro de la jerarquía católica, haya un tremendo congestionamiento de tránsito en los alrededores del lugar escogido para el "acto", porque, naturalmente, el velorio se convierte entonces en un formidable acto de puro y desmadrado figureo en el cual todos quieren salir en la foto y, si es posible, cargando el féretro.

Ahora bien, en esos mismos actos, puede usted apostar que a 99 de cada 100 le importa un rábano que se haya muerto o no el difunto porque, precisamente por lo anterior, ni son parientes ni son amigos, pero sí relacionados que quieren hacerlo saber al mundo entero.

En un velorio normal y corriente, sin que el muerto de turno sea un "importante", de todos modos la mayor parte no se siente dolida en realidad, van porque conocen a la familia del muerto y porque "hay que dar la cara", "hay que quedar bien", porque, dice la esposa al marido, "tú no vas a querer que a tu entierro no vaya nadie". Y ésos, los que van por puro y neto compromiso, son los que más chistes hacen y los que más chismes cuentan.

Y, otro detalle, aún en el supuesto caso de que el difunto sea alguien apreciado por los asistentes, de todos modos, aún los más dolidos, y en medio de las lamentaciones y abrazados con la viuda o el viudo o el hijo, sienten por dentro, el sentimiento muy humano de que no fue a ellos que le tocó el turno.

Porque, después de todo, el muerto es ese que está ahí, tendido en una caja, mientras tú, que a lo mejor tienes su misma edad, tal vez hasta más años, sigues vivito y coleando.

O sea, que no te ha tocado el sorteo y, terminado el velorio, te irás para casita a pasarla lo mejor que puedas, en tanto el otro se va convirtiendo en un vago recuerdo que se esfuma con el paso de los días.