Los vasos comunicantes de la Historia

Angelita fue coronada Reina de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre

Manuel de Moya Alonso presidía la delegación oficial que representaría República Dominicana en el coronamiento de Isabel II el 2 de junio de 1953. La completaban las ocasionales “embajadoras” extraordinarias en misión oficial, las adolescentes. María de los Ángeles (Angelita) Trujillo Martínez y su prima Lourdes Marchena Martínez. Sin lugar a duda, Trujillo quería halagar a su hija pequeña que el 12 de junio de ese año debía celebrar su14 aniversario. ¡Embajadora! Debió exclamarse el jefe del estricto protocolo de la casa real del Reino Unido. El entonces dictador obnubilado por el amor de padre no contempló en ningún momento que la historia le tendía una trampa.

Una trampa que tampoco el embajador dominicano acreditado ante el Reino Unido, Temístocles Messina, pudo vislumbrar cuando recibió la misión especial al descender del tren en la estación Saint Pancras International en el centro de Londres; tampoco podía imaginarse que entre los diplomáticos que le acompañaba en ese histórico recibimiento estaban Luis Bernardino y el agregado aéreo, mayor de la Aviación Militar Dominicana (AMD), Octavio de la Maza que, unos meses más tarde, escenificarían una tragedia en la que de la Maza daría muerte a Bernardino y, según muchos historiadores, esta tragedia se considera, entre otros, uno de tantos en la cadena de factores que, a la postre, determinaron que Antonio de la Maza (hermano de Octavio) encabezara el comando que dio al traste con la vida del dictador el 30 de mayo de 1961. Basta de digresión. Volvamos a nuestra delegación oficial.

Angelita refiere su asistencia al coronamiento de Isabel II en Trujillo, mi padre en mis memorias (USA, Ediciones Unicaribe, s.d.), con prosa digna de una cronista de las revistas del corazón españolas y francesas ¡Hola!, Gala y Point de vue, en estos términos: “La coronación fue un espectáculo impresionante, con un desfile a la Abadía de Westminster, una iglesia gótica casi tan grande como una catedral, que es el único lugar donde se llevan a efecto estas solemnidades. El protocolo era formidable, tanto en el acto ceremonial como en la fiesta en el Palacio de Buckingham. Todos tuvimos la oportunidad de saludar y conversar, brevemente, con la ya coronada, Reina Isabel II, quien a la sazón tenía 26 años y dos hijos. A su lado estaba su esposo, el Príncipe Felipe de Edimburgo recibiendo el respeto de los invitados. La Reina Madre, la princesa Margarita y otros miembros de la familia real de los Westminster [sic] recibían también los saludos y respeto de los asistentes” (pp. 297-298).

Haber tenido el privilegio de ser testigo de la primera coronación de un evento de esa naturaleza y de descubrir que para colmar su vanidad de niña mimada lo único que le faltaba era ser “reina” y sólo su padre, dueño y señor de poco más de media isla del Caribe, podía complacerla. Desde que compró el vestido que luciría en el acto de la coronación y luego en la recepción que siguió al importante evento que millones de seres humanos pudieron asistir gracias a la retransmisión por televisión ese fabuloso invento del siglo XX que tenía el poder de la ubicuidad.

A partir de ese inolvidable 2 de junio de 1953, “la loca de la casa”, como llamaba Santa Teresa a la conciencia, entró en acción y la adolescente de 14 años, a su regreso a Ciudad Trujillo, le contó a su padre cómo la ceremonia real la había impresionado dejándole entender cuánto le hubiera gustado ser “reina”; su padre que hacía muchos años había perdido la perspectiva y había sido atrapado en las redes de la desmedida o hybris, según los griegos, le dijo para tranquilizarla: “¡no te preocupes! para tus 15 y mis 25 años de gobierno, te haré Reina de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre”. Ese día prometió la decadencia de su régimen, pero la complació. 

La coronación de Isabel II costó más de 20 millones de libras esterlinas para un país que hacía poco había sido devastado por la guerra mundial. La idea de ese fastuoso espectáculo fue una decisión política de Winston Churchill, entonces primer ministro, para mostrarle a los británicos que el Reino Unido y su extenso imperio, como el fénix, se levantaba de sus cenizas.

Trujillo, por su parte, queriendo complacer el capricho de su niña mimada, le quería decir al mundo que República Dominicana, la cuna del Nuevo Mundo, la antigua isla Española, era también el país de la Paz y confraternidad del Mundo Libre ante la amenaza del totalitarismo comunista de la Unión Soviética, China y Europa del Este; que su régimen estaba en la cúspide de su esplendor por lo que celebraba sus 25 años de gobierno ininterrumpidos y mostraría al mundo una “economía dinámica y sólida”.

En una porción de terreno de no más de 4 kilómetros cuadrados, el dictador creó el “reino” de su hija cuyas edificaciones y la ceremonia de la coronación de Angelita I desestabilizaron la “dinámica y sólida economía” dominicana. Recordemos que sólo la corona de la reina costó entonces dos millones de dólares sin hablar del vestido y las 140 personas que formaban la corte de Angelita I ni tampoco el corso florido en donde la caprichosa niña desfiló hasta el centro de su reducido “reino”.

La historia se constituye de una enmarañada red de vasos comunicantes y no sería descabellado decir que haber incluido a Angelita Trujillo en la misión especial que asistió a la coronación de Isabel II en 1953 es uno de los factores que incidió de manera importante en la caída de la dictadura de Trujillo.

“A partir de ese inolvidable 2 de junio de 1953, “la loca de la casa”, como llamaba Santa Teresa a la conciencia, entró en acción y la adolescente de 14 años, a su regreso a Ciudad Trujillo, le contó a su padre cómo la ceremonia real la había impresionado dejándole entender cuánto le hubiera gustado ser “reina”; su padre que hacía muchos años había perdido la perspectiva y había sido atrapado en las redes de la desmedida o hybris, según los griegos, le dijo para tranquilizarla: “¡no te preocupes! para tus 15 y mis 25 años de gobierno, te haré Reina de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre”. Ese día prometió la decadencia de su régimen, pero la complació”.


Diplomático. Escritor; ensayista. Academia Dominicana de la Lengua, de número. Premio Feria del Libro 2019.