Putin y su fallida pretensión de gran poder
Además de su ego y sus caprichos, a este personaje lo mueve el fantasma de que Occidente desea agredir y doblegar a Rusia, algo que ni él ni nadie ha podido demostrar.
Entre las tantas cosas que Putin ha dicho en el contexto de la invasión rusa a Ucrania está su grandilocuente declaración de que está creando un nuevo orden mundial. Lo que eso significa es un verdadero misterio, pero mientras se espera que el gobernante ruso aclare mejor sus ideas, su gobierno recibió una significativa derrota en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) al conocerse el proyecto de resolución que condenaba la anexión rusa de cuatro regiones ucranianas (Luhansk, Donetsk, Kherson y Zaporiyia) y exigía su retiro inmediato de esos territorios. Si bien el proyecto de resolución, propuesto por Estados Unidos y Albania, no pudo formalmente adoptarse porque Rusia ejerció su poder de veto, la resolución sirvió para mostrar el repudio a la agresión rusa contra Ucrania precisamente en el centro del sistema internacional que él desea cambiar.
De los quince miembros del Consejo de Seguridad, el único que votó en contra de la resolución fue -vaya sorpresa- la propia Rusia, mientras que cuatro se abstuvieron y diez votaron a favor. En lo que respecta a los miembros abstencionistas, se entiende la posición de China pues Rusia es una pieza que el primero usa convenientemente en su contrapeso a Estados Unidos, pero lo significativo fue que no votó en contra de la resolución, lo que es una clara señal de que no quiere asociarse explícitamente con la aventura intervencionista rusa. Por su parte, India tiene en su ADN político, independientemente del partido o coalición de partidos que esté en el poder, la no alineación en el gran juego de poderes en el plano internacional, por lo que su decisión es igualmente entendible. Y en cuanto a los otros dos países que se abstuvieron -Brasil y Gabón-, el primero está dirigido por Jair Bolsonaro, un presidente ultraderechista con una configuración mental militarista que encuentra en Putin su alma gemela, mientras que el segundo es un país africano sin mayor peso en el escenario internacional. Los demás países miembros del Consejo de Seguridad -Albania, Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos, Francia, Ghana, Irlanda, Kenia, México, Noruega y Reino Unido- votaron a favor de la resolución de condena a Rusia.
Durante estos largos meses de guerra en Ucrania, Putin ha mostrado una pomposa pero fallida pretensión de gran poder que lo ha llevado a invadir a un país vecino, anexar parte de su territorio y violar de paso las normas esenciales del derecho internacional sobre el respeto a la soberanía e integridad territorial de otros Estados. En su ejercicio de poder agresor, el gobernante ruso ha encontrado cierto apoyo alrededor del mundo en una derecha trumpista que sintoniza con su homofobia, racismo y xenofobia, al igual que en una izquierda rancia visceralmente antinorteamericana que ve en él una especie de reencarnación de Lenin con la misión de restaurar el gran poder ruso frente a los poderes imperiales de Occidente.
En realidad, la mal llamada “operación militar” rusa en Ucrania -Putin nunca ha reconocido que se trata de una guerra y mucho menos de una guerra de agresión- ha sido verdaderamente patética. Inició el 24 de febrero con sus tropas rumbo a Kiev para controlar el centro político ucraniano pero fracasó estrepitosamente. De inmediato vinieron las explicaciones en ciertos círculos de opinión de que su verdadero objetivo no era la capital de Ucrania sino la región del Donbas, en el este de ese país, pero luego de haber ocupado y controlado una buena parte de ese territorio fronterizo con Rusia, las fuerzas militares ucranianas han comenzado a reconquistar poco a poco el territorio perdido mientras los militares rusos han salido en estampida en una humillación militar impensable cuando Putin empezó su guerra de conquista. En todo ese tiempo, las fuerzas armadas rusas han mostrado una falta de inteligencia militar que les ha llevado a atacar repetidas veces a objetivos civiles -escuelas, edificios de viviendas, hospitales, hospicios, etc.- con una crueldad espantosa.
En lugar de replantearse de manera realista sus objetivos en este conflicto para poner fin a esa guerra que él empezó sin justificación válida alguna, Putin anuncia que reclutará trescientos mil reservistas, lo que comienza a generarle fisuras internas, al tiempo que pone “todas las opciones militares” sobre la mesa, lo que no es más que un eufemismo para decir que está preparado para usar sus armas nucleares, lo que expresa más debilidad que fortaleza. De paso, organizó unos amañados plebiscitos en los lugares que tiene ocupado militarmente para “validar” la anexión y poder reclamar que cualquier acción militar en el territorio anexado por parte de las fuerzas ucranianas equivaldría a una agresión contra la propia Rusia.
Además de su ego y sus caprichos, a este personaje lo mueve el fantasma de que Occidente desea agredir y doblegar a Rusia, algo que ni él ni nadie ha podido demostrar. Sus acciones han sido más bien contraproducentes para los propios intereses rusos. Finlandia y Suecia, que ni siquiera en los años más duros de la guerra fría se plantearon ingresar a la OTAN, se vieron obligados a hacerlo ante la agresión rusa a un país vecino. Estados Unidos ha logrado revivir la alianza militar transatlántica luego de años de apatía y enfriamiento entre los países miembros, mientras que el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha fortalecido su liderazgo y su estatura en el escenario internacional.
Putin está perdiendo estrepitosamente esta guerra pero en lugar de recapacitar y procurar una salida mínimamente honorable, su instinto parece llevarlo por caminos peligrosos. Un problema crucial con Putin es que él no tiene contrapeso en su sistema de gobierno, ni siquiera un politburó político al estilo chino que actúa con una racionalidad de cuerpo más allá de las posiciones individuales del líder de turno. Esto no ayuda a la búsqueda de soluciones. Ahora bien, la respuesta no debe ser que Estados Unidos y sus aliados europeos humillen a Putin y no le ofrezcan alguna salida de este atolladero en el que él mismo se metió y que tanto daño le ha hecho al mundo por el impacto económico que ha tenido.
El realismo político internacional tiene que entrar en escena pero no como lo querían algunos -ceder cualquier cosa a Rusia sacrificando a Ucrania para que se terminara pronto la guerra-, sino sobre la base de dos ideas fundamentales: una, el reconocimiento por parte de Rusia de que Ucrania es un país soberano y que, por tanto, debe respetar totalmente su soberanía e integridad territorial; y dos, el reconocimiento de que Rusia necesita garantías de seguridad, lo que no debe entenderse en los términos que lo quiere Putin -conquista de territorios vecinos- sino como un proceso de negociación estratégica que podría implicar la neutralidad de algunos países vecinos que también necesitarán su propia seguridad frente a la amenaza latente de Rusia.
¿Entenderá Putin esta realidad o se lanzará al abismo y arrastrará al mundo con él? ¿Tendrán Estados Unidos y sus aliados la visión para encauzar un proceso de este tipo? Sólo el tiempo dirá.
De cada 100 mil habitantes en República Dominicana, 65 mueren en accidentes de tránsito
Baja índice de costos de construcción en octubre, pero algunos materiales clave siguen al alza
La captura de dos líderes criminales más buscados en RD en territorios internacionales
El mercado de segunda mano: entre el regateo y el guiño a la calidad
La derecha de EE.UU. ve un intento de Trump de "dominar" a Macron con su apretón de manos