Barahona y el librito

Los Antecedentes: El reciente encuentro Medina-Martelly en Barahona, no se trata de un primer e ingenuo encuentro donde la buena voluntad puede ser una señal interesante, es uno que se produce después de varios sucedidos a aquel en que se anunció un plan conjunto de reforestación de la zona fronteriza, cuyo colofón al siguiente día fue la primera veda de productos dominicanos, en esa ocasión los pollos y los huevos sobre el perverso y mentiroso argumento de que en nuestro país existe fiebre aviar. Todos han derivado en acuerdos aduanales, revisión de la veda, comercio, migración, etc., etc.; ninguno cumplido y penosamente retomados en la reciente declaración.

La Figura e Imagen Presidencial:

Los presidentes no son figuras que se puedan mover para arriba y para abajo de manera improvisada, mucho menos cuando se trata de cuestiones de espinoso carácter internacional, en este caso, más grave aún, binacional, con una nación que viene asestando reiterados golpes bajos a la imagen y dignidad del pueblo dominicano, las cuales encarna la figura del señor Presidente de la República.

En un contexto electoral, por demás inminente en Haití, no resulta aconsejable para ninguna autoridad dominicana y mucho menos la presidencial, permitir que se auspicie un encuentro de este tipo, donde no sólo se arriesga la posible manipulación de parte interesada a lo interno del proceso haitiano, sino que se expone la figura presidencial a una falta de tacto con los demás actores del proceso haitiano, que eventualmente podrían devenir en nueva autoridad.

El librito mandaba que la petición de reunión haitiana, hoy ya no se sabe si dominicana, se manejara en un contexto técnico y discreto, donde se ponderaran en laboratorio las fórmulas de avenencia que permitieran la movilización presidencial para el anuncio de medidas concretas y relevantes, no para lo ocurrido donde quedó afectada la imagen de nuestro Presidente y por ende la imagen del país, al librar en su presencia acta formal de que todos los encuentros anteriores no han servido de nada y que el que cursó versó sobre los mismos fracasos, gracias a la incapacidad y desidia haitiana de abordar responsablemente sus relaciones con nosotros, a fortiori con un gobierno que ha nadado contra corriente con tal de crear un buen ambiente en las mismas.

Los puntos del acuerdo anunciado evidencian que República Dominicana conversa con un estado sordo, mudo, ciego, inválido y sinvergüenza, toda vez que todos han sido objeto de tratamiento en reuniones anteriores, todos incumplidos y totalmente ignorados por el gobierno haitiano, no porque les falte sólo la voluntad, sino porque estamos frente a un estado institucionalmente desarticulado de manera grave, incapaz de cumplir las obligaciones contraídas, aunque algunos de sus actores así lo quisiera, que no es el caso. Ese y no otro debe ser el objeto fundamental de nuestra política hacia Haití, no precisamente con los haitianos, sino especialmente frente a una comunidad internacional que siendo históricamente parte del desastre, elude su responsabilidad moral, económica y humana en el rescate de Haití en Haití.

El Presidente de la República no debe ser objeto de movilización para el anuncio de que se pondrán en ejecución acuerdos ya hechos y nunca cumplidos, como el de aduana y transporte entre otros, así como que no se resolverá nada respecto al tema de la veda que continuará en el marco del parloteo binacional que hasta ahora no ha producido resultados favorables de ningún tipo para los dominicanos. Tampoco es presidencial anunciar que los embajadores regresarán, que se activará una comisión mixta bilateral que durante más de quince años no ha tenido en términos efectivos ningún tipo de contraparte haitiana y mucho menos colocar la Presidencia en posición de recibir los desmentidos que sin ningún tacto hoy provienen de Puerto Príncipe.

El único punto de cierta “relevancia”, como lo es el tema del famoso Consejo Económico Binacional Quisqueya, es un punto que aún requiere de mucho estudio y establecimiento de responsabilidades, ponderación de prioridades y evaluación de la pertinencia de que nuestro país siga auspiciando medidas que nos coloquen como bastón de la problemática haitiana, sin que se evalúe lo que se debe, establecer las prioridades indispensables para que Haití pueda eventualmente sostener su desarrollo sin el acompañamiento de nadie, aunque en ello cuente con la solidaridad de todos, especialmente de la nuestra.

El Librito

Los dominicanos solemos referirnos al “librito” cuando expresamos la forma en que deben ser hechas las cosas, así, “por el librito”. En el reciente encuentro de los presidentes Medina y Martelly, de nuestra parte, se violaron todas las reglas dadas las circunstancias en que se ha producido y sus repercusiones previsibles.

Los presidentes no pueden ser expuestos a fiascos de este tipo y ello evidencia que en torno al Presidente no existe el consejo equilibrado que destaque la conciencia de la protección de su figura e imagen, en la cual se sintetizan las del país frente a las demás naciones, a nuestro propio pueblo y a la historia. Cuídese de eso señor presidente, con todo respeto.

@JoseRicardoTB

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