El “disparate” del PLD

Antes de que el título de este artículo alce una humareda de prejuicios, aclaro el uso de la palabra “disparate”. Como se advierte, aparece entre comillas. Eso significa que su empleo es prestado. Se la he tomado a un personaje mítico del PLD: don Euclides Gutiérrez Félix, quien suele invocarla hasta por instinto. El viejo político es un guerrero blandiendo descalificaciones en contra de los que no comparten sus verdades. Estigmatiza por ocio al más noble con el mote de “disparatoso”. Apelo, entonces, a su mimado adjetivo para referirme al comunicado que publicó la semana pasada el PLD en el que arremete en contra de la Cámara de Cuentas y del Ministerio Público por las auditorías forenses que soportan las investigaciones abiertas en contra de algunos exfuncionarios.

El PLD, lejos de abrir espacios autocríticos, busca a ciegas la confrontación. El partido respira la soberbia del líder, quien, apocado y herido, responde con arañazos. Ese comunicado es un inocuo zarpazo al aire. Lo cierto es que con el desfallecimiento que padece, lo esperable era creer que la organización intentara buscar las coordenadas perdidas, pero no. Parece que en sus filas no hay valor para decirle al líder que el partido no es Medina Sánchez y que no puede ser comprometido con los procesos judiciales que afectan a personas por actos individuales. La ineludible obligación del PLD en este trance es renovar sus estructuras, revisar sus prácticas y modelos éticos, redefinir sus trazos estratégicos, promover liderazgos jóvenes y hallar una identidad ideológica más allá del poder. O quizás... estoy hablando disparates... (juro que escucho a don Euclides).

Vayamos entonces al comunicado. No pretendo analizar su contenido. No lo vale. Me parece un zurcido de valoraciones dispersas y subjetivas. Políticamente es un desatino porque asume la defensa implícita de procesados y abre controversias innecesarias con los dos órganos públicos de mejor valoración en este momento. No obstante, ese parece ser el derrotero escogido por la dirigencia: plegarse al díscolo proceder del líder y arrastrar de paso con su pesada imagen. Problema de ellos.

El PLD acusa a la Cámara de Cuentas de convertirse en el “brazo ejecutor” del Ministerio Público “para que cumpla con sus antojadizos requerimientos”. Creo que al partido de Medina le sobran razones para sentirse abrumado. No está habituado a las auditorías forenses como soporte probatorio de procesos judiciales. En sus gobiernos la persecución judicial estuvo virtual- mente anulada y pocas veces la Cámara de Cuentas practicó esta experticia. Y es que la Ley 10-4 le reconoce a este órgano facultades para realizar tres tipos de auditorías: financiera, de gestión e investigaciones especiales (en estas últimas se reconocen las auditorías forenses)

Cada una de estas operaciones es un tipo estándar. En la financiera se evalúa la gestión económica y contable de una entidad con base en sus estados financieros. En la de gestión se examina la eficiencia en la administración de los recursos públicos a través de la evaluación de sus procesos, los indicadores de desempeño y la rentabilidad, así como la distribución de los beneficios de la actividad. La auditoría forense, por su parte, es una investigación criminalística que procura evidencias de fraudes o de la comisión de delitos. Como se advierte, en la primera se verifican la legalidad y confiabilidad de la información presentada en los estados financieros; en la segunda, los criterios de eficiencia, de economía y de cuidado por parte de la administración, y, en la tercera, la existencia de irregularidades tipificadas por el Código Penal o por leyes especiales, tales como crímenes o delitos contra el patrimonio público.

En los Gobiernos del PLD, además de escasear las auditorías de gestión, la práctica impuso simples auditorías financieras para cumplir, al menos formalmente, con el Plan Anual de Auditorías de la Cámara de Cuentas. Estas representaban más del 90 %. Había una concertación implícita entre la Administración y la Cámara de Cuentas a través de núcleos de poder que controlaban las contrataciones para validar y retocar el registro de las transacciones.

Ahora al PLD le preocupa que, por las investigaciones especiales (auditorías forenses) que realiza, la Cámara de Cuentas no tenga tiempo para ejecutar las auditorias de gestión que pocas veces se hicieron en sus veinte años de gobierno. La desfachatez del reclamo es soberbia; así, se pregunta: “Si la Cámara de Cuentas sigue respondiendo a los pedidos del Ministerio Público, ¿en qué momento tendrá tiempo para auditar la gestión del actual Gobierno?”

Claro, frente a Cámaras de Cuentas omisas, permisivas, subordinadas y autocensuradas como las que había en el pasado, es natural presentir que la actual se encuentra sobrecargada. Y lo está, pero hay otra visión, voluntad y determinación, sin considerar lo que encontró: insuficiencia de personal calificado; procesos sustantivos no automatizados (auditoría, análisis presupuestario y declaración jurada de patrimonio); equipos tecnológicos, licencias y desarrollo de programas insuficientes; guías obsoletas de auditorías; ausencia de verificación y fiscalización de las declaraciones juradas de patrimonio; sensibles debilidades en la plataforma del Sistema Nacional Automatizado y Uniforme de Declaración Jurada de Patrimonio, entre otros problemas.

Pero si al PLD le preocupa tanto la sobrecarga de la Cámara de Cuentas, le traigo buenas noticias: a) por sentencia TC/0283/21 del 8 de septiembre de 2021, el Tribunal Constitucional impuso como precedente que en virtud de la libertad probatoria que rige la materia penal en aquellos procesos seguidos a imputados por infracciones contra la cosa pública o corrupción, las auditorías de la Cámara de Cuentas pueden ser suplidas por informes o peritajes independientes; b) el Inacif está facultado legalmente para realizar auditorías forenses; c) tanto la Cámara de Cuentas como el Inacif pueden contratar firmas independientes para hacer investigaciones especiales; y d) dentro de la reingeniería organizacional de la Cámara de Cuentas se proyecta crear departamentos para cada tipo de auditoría.

¿Qué quiere el PLD? ¿Que se detenga la persecución judicial? Es una pretensión malograda. Hay rutas que no tienen retorno, y esa es una de ellas. El PLD y todos los partidos, especialmente el que detenta el poder, deben resignarse a convivir con la más robusta aspiración colectiva de los últimos dos decenios: proscribir la impunidad. Esa es y seguirá siendo una expectativa generacional innegociable. El PLD fue víctima electoral por su deliberada desatención a ese adeudo. Con media familia en la cárcel, Danilo Medina sigue preguntándose “¿cuál corrupción?”. Está mentalmente enfermo. Ahora arrastra al partido a su obcecado designio: deshonrar el carácter y el accionar del Ministerio Público y la Cámara de Cuentas para debilitar la confianza que tiene la población en su sana y recia determinación. Por ese camino no llegará a ningún lado.

Pena que don Euclides Gutiérrez Félix esté levitando en la vida contemplativa; si opinara igual que yo, lo imagino con el ímpetu de su altivez decirle a Medina y a su disminuido círculo de intimidad que lo que hacen no es más que “un señor disparate”.

Abogado, ensayista, académico, editor.