Grave déficit de camas para enfermos graves

A diferencia del mundo antiguo, que tuvo cinco ecosistemas sanitarios, el gigantesco intercambio comercial y cultural entre las naciones, la lucrativa industria turística, las guerras, el rápido e intenso transporte entre un país y otro y la delincuencia internacional de hoy día, han hecho que tengamos un solo ecosistema sanitario. Este nuevo orden de salud y enfermedad, ha provocado la desaparición de las fronteras para toda clase de enfermedades infecciosas. Ese ecosistema sanitario único ha hecho que modernamente usted tenga mayor probabilidad de morir a causa de un accidente de tránsito o en una acción delictiva que de peste.

Hacia la época de la Ocupación Político-Militar en 1916 de nuestro país, circuló en la zona rural del cibao el dicho de que cuando se hacía público que a un rico le pegaron “cuejno”, la noticia tenía la ventaja de que entonces se divulgaba en toda la comarca cuáles eran los hombres pobres que habían sido víctimas de lo mismo, pero que sus vecinos sólo lo decían en voz baja. Hago la recreación de esta vulgaridad pueblerina para aplicar su forma a lo sucedido con la muerte del excombatiente Claudio Caamaño. De acuerdo con lo publicado por los medios de prensa, su familia está inconforme con el sistema de salud del país, porque su pariente fue llevado de un hospital a otro y a otro en condición de paciente grave a causa de un accidente de carretera, y no recibió la atención especializada que necesitaba, porque esos hospitales no disponían de camas desocupadas en sus Unidades de Cuidados Intensivos, y en ese interín, Claudio murió.

Ahora, ese percance se ha tornado alarmante y a la vez preocupante, porque los parientes de Claudio han denunciado que su muerte no ocurrió sólo por la severidad del traumatismo recibido y la carencia de camas en cuidados intensivos, sino porque a eso se sumó la negligencia de la atención por falta de quién se haría responsable de pagar los gastos del internamiento. Incluso, por tratarse de un ciudadano no rico, pero políticamente conocido, el expresidente Leonel Fernández ha dicho que “no debió anteponerse el interés mercurial por encima de la salud de Claudio.”

Tal vez Claudio hubiese muerto por la gravedad de sus heridas, la pérdida masiva de sangre y los traumas severos de vísceras como el pulmón, el hígado y el cerebro, que en minutos o en una a dos horas provocan un choque hemorrágico y el paciente muere, pero también pudo contribuir a su muerte el hecho de que el hospital donde fue llevado no disponía de cupo en Cuidados Intensivos. Pero su muerte, lamentablemente, puso al descubierto un gravísimo problema en nuestros hospitales estatales: ¡la escasez de camas en las Unidades de Cuidados Intensivos! La población debe saber que las camas usadas en esas Unidades cuestan más del doble del precio de una cama común de hospital, pues son camas que funcionan mediante “chips” o tarjetas electrónicas. El Estado cuenta con apenas 160 camas de cuidados intensivos, que constituyen la tercera parte de las que debería tener. Cada paciente está frecuentemente conectado a monitores que vigilan electrónicamente su presión sanguínea y otras funciones vitales, y también está conectado a un respirador mecánico-digital que le asegura una adecuada ventilación pulmonar. Todos los insumos como equipo de rayos X portátil, ecocardiógrafo, broncoscopio, gasómetro, medidor de gasto cardiaco, etc.) y medicamentos que usamos en este tipo de Unidad son costosísimos en todo el mundo y el nivel de su tecnología también. Basta con decirles que en nuestro hospital José M. Cabral y Báez, cada paciente le cuesta cada día al Ministerio de Salud unos RD$50,000. Nuestro hospital Cabral y Báez cuenta con 10 camas de cuidados intensivos. Tres de estas son usadas exclusivamente para embarazadas que se complican antes o durante el parto. Pero sépase que son tres camas para las parturientas de las 14 provincias de la región norte, además de las parturientas de Haití.

Entonces, el déficit de camas en Cuidados Intensivos es crónico. Cuando los enfermos de Unidades privadas agotaron la cobertura de sus ARS y también el poco patrimonio que poseen, están obligados a recurrir a nuestro hospital, y la presión que recibimos por la demanda de camas es insoportable. Los anotamos en una lista de espera, pero lo común es que cuando disponemos de una cama vacía, ya se han acumulado entre 15 y 18 pacientes graves en dicha lista. ¡Qué podemos hacer! Esperábamos tener siquiera 28 camas en la Unidad del nuevo hospital, pero los contratistas nos han dicho que sólo serán 18. ¿Qué significa eso? ¡Que Salud Pública no previó el crecimiento de la población, ni la cantidad de accidentados graves para el 2030! Reconozco que estas Unidades son muy costosas para un Estado pobre como el nuestro, pero recuérdese que “del cuero sale la correa”.

Jefe de Servicio de la Unidad de Cuidados Intensivos Hosp. José M. Cabral y Báez, Santiago