La crisis eléctrica vista por INTEC
“Los hogares gastan mayor cantidad de recursos en telecomunicaciones que en electricidad. En los hogares que no tienen contador la diferencia es mayor a favor del gasto en telecomunicaciones... Las principales fuentes de energía alternativa utilizada por los hogares de las regiones evaluadas son las siguientes: 41.63% utiliza velas; 20.42% tiene inversores de baterías cargadas con energía proveniente de la red eléctrica interconectada; 10.81% usa lámparas de combustible líquido; 3.30% utiliza linternas o lámparas de baterías; 1.50% tiene inversores con baterías cargadas con paneles solares; 0.30% tiene planta eléctrica propia; 0.1% utiliza planta eléctrica compartida en edificio de apartamentos; 0.4% tiene otra fuente; y 18.64% declaro no utilizar ninguna fuente.” Gómez et al., INTEC 2015
El país ha vivido una permanente crisis eléctrica. Décadas de políticas públicas ineficientes se han se ido acumulando hasta crear un complejo entramado en una industria tan vital para nuestro desarrollo económico. Gobiernos van y gobiernos vienen; todos con la promesa de resolver de una vez y por siempre tan agobiante problema. Incluso, el presidente Medina se ha comprometido con lograr la solución antes de que concluya su actual mandato de gobierno, al afirmar el 2 de febrero del 2014 que “el problema eléctrico será un triste recuerdo a partir del 2016.” Sin embargo, el Pacto Eléctrico aún está en proceso de concertación, y es probable que forme parte de los buenos propósitos para el 2016. Mientras tanto, el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) recientemente ha dado a conocer los resultados de un estudio que bajo el patrocinio del Banco Interamericano para el Desarrollo (BID) realizó para evaluar el impacto de la crisis eléctrica en la economía dominicana, desde la doble perspectiva de los hogares y de las empresas. Es un estudio que puede ser de mucha utilidad a los propósitos del Pacto Eléctrico.
En la implementación del estudio se aplicaron encuestas, tanto a los hogares como a las empresas. En el primer caso, fueron encuestados más de 5,800 hogares esparcidos en toda la geografía nacional. Un resultado que inmediatamente llama la atención es que el 40% de los hogares dominicanos –de acuerdo con los resultados de esa encuesta- no tiene medidores del consumo de electricidad. Peor aún es que el 27% de los hogares que tienen medidores no recibe la correspondiente factura. Todo esto encaja en un sistema que echa a perder más del 30% de la energía eléctrica que se produce. Estos datos pueden sugerir que probablemente el énfasis del esfuerzo público no ha estado bien focalizado. Las plantas a carbón pueden ser un gran negocio, pero no parece muy razonable incrementar sustancialmente la producción sin antes minimizar los grandes escapes del sistema eléctrico. De acuerdo con expertos de la industria eléctrica, el precio del kilovatio/hora se encuentra actualmente por debajo del precio que se esperaba tener una vez estuvieran operando las plantas en Punta Catalina. No obstante, es obvio que la crisis eléctrica está muy lejos de ser solucionada, aún si los precios se mantuvieran en los niveles actuales.
Un resultado que merece la mayor atención es el relacionado con el bonoluz; el 48.5% de los hogares encuestados que dijeron recibir dicho bono no tiene medidores eléctricos. La pregunta obligada: ¿Qué sentido tiene entregar un bonoluz a un hogar que no tiene un medidor eléctrico? Algo más, en los hogares que reciben el bonoluz, de acuerdo con el estudio, el gasto de esos hogares en telecomunicaciones supera por mucho al monto del subsidio que reciben para el pago de la energía eléctrica. En todo caso, los hogares gastan más en telecomunicaciones que en electricidad. No olvidemos que el sector de las telecomunicaciones está saturado de impuestos, y que muchos hogares consumen la energía sin pagar un centavo.
En cuanto al suministro de energía eléctrica, los apagones varían de intensidad dependiendo de la zona geográfica en la que se encuentran los hogares. Hay regiones, como la del Yuma, que reciben unas cinco horas de apagones al día; en cambio, en la región de Valdesia –la más perjudicada- los apagones pueden alcanzar las once horas al día, mientras que en el Cibao los apagones son de unas ocho horas diarias. Claro está, los apagones guardan una relación con la capacidad de pago de los hogares: a una menor capacidad de pago le corresponde una mayor cantidad de apagones. Este planteamiento es respaldado por varios hallazgos; entre ellos, que los hogares en la zona rural reciben más apagones que los urbanos, y que los hogares sin medidores eléctricos reciben también más apagones que los hogares que sí los tienen.
A través del estudio de INTEC se puede apreciar la radiografía de un sector eléctrico lleno de precariedades que parecen agravarse con el paso del tiempo, y que dejan poco margen a la esperanza de que pronto tendremos una solución. Al menos, en el 2016 no podrá ser.
@pedrosilver31
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