La Mesopotamia: mandatos divinos, codicia imperial (3)

La colección de los antiguos textos judeo-cristianos recogidos en la Biblia que se refieren a los orígenes, afirma que Abraham recibe un mandato de Dios y, al propio tiempo, hacen un Pacto para que el patriarca procree simiente “como las estrellas del cielo”. De igual modo, Dios le ofrece una herencia espiritual, instruyéndole a guiar a su pueblo a las tierras de Canaán.

El antiguo pueblo de Canaán estuvo ubicado en la franja de Asia Occidental, cerca de los ríos Tigris y Éufrates, entre el mar Mediterráneo y el río Jordán, lugar de los conflictos bélicos que, desde hace décadas, llevan a cabo israelíes y palestinos por su posesión, en el punto que se conoce hoy como la Franja de Gaza, Cisjordania, la zona occidental de Jordania y algunos lugares de Siria y Líbano.

Las disputas entre Israel y Palestina se encienden aún más después de la Segunda Guerra Mundial cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU) autorizó a los judíos por resolución a ocupar una porción de las tierras de Israel, que estaban habitadas por los palestinos. Pero este tema será objeto de abordaje aparte, de manera que sigamos viendo la disputada religiosa.

En la interpretación bíblica recurrente, basada en Génesis, Dios promete a Abraham “hacer de él una gran nación, prosperarlo y bendecirlo, como serían benditas todas las naciones de la tierra”. También ofrece un territorio para él y su descendencia.

Cuando leemos acerca del ofrecimiento que Dios hizo a Abraham respecto a su prole, Génesis hace referencia al acto que puede catalogarse de “impaciencia” que tuvieron tanto él como su esposa Sara, al decidir que el hijo prometido por Dios, lo concibieran a través de su sierva Agar debido a que, como citamos en el artículo 2, Sara, la esposa de Abraham, era estéril con 75 años de edad.

Esa decisión de adelantarse a los designios divinos para la procreación de un hijo con la sierva Agar, trae como fruto a Ismael.

Antes de que viniera al mundo el hijo de la esclava egipcia, Abraham y su compañera Sara entendían que como no estaban aptos para procrear debido a su avanzada edad, el heredero natural sería Eliezer de Damasco, un muchacho que nació en la casa de ellos.

En esa circunstancia, narra Génesis (15: 2,4), Jehová le respondería: “No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará”. Se refería a Isaac, el hijo que Dios le prometió vendría del vientre de Sara, hecho que ocurrió cuando Abraham cumplió los 100 años (Génesis: 17: 19,21; 18:10). Pero, insisto, Abraham y Sara se impacientaron en cumplir con el mandato de Dios, y de esa impaciencia nació Ismael.

La sierva Agar vivió con Abraham y Sara para cuando nació Isaac, el otro hijo del patriarca. Surge, pues, un conflicto tras el nacimiento de éste, pues en el momento que le fue retirado el pecho (destetado), Ismael, el hijo de la sierva egipcia, se burló. Sara pidió a Abraham, por esa y otras razones, que los echara de su casa a los dos, “porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac mi hijo”. Es el origen de las disputas entre estos dos hermanos y pueblos.

La Biblia hace afirmaciones, tanto en Génesis como en Gálatas, de que Dios hizo la promesa acerca de la descendencia por conducto de Isaac, mientras que la construcción de una gran nación provino a través de Ismael. Los dos hijos de Abraham, sin embargo, son bendecidos por causa de su padre.

Para tener una aproximación al tipo de pueblo que surgiría luego de la descendencia de Isaac y de Ismael, el primero hijo de Sara, mujer libre, y el segundo nacido del vientre de la esclava Agar, hay que estudiar el carácter de cada uno de los dos hijos de Abraham, aspecto esencial en la vida de un líder, sin importar su ámbito.

En la interpretación judeo-cristiana de las bendiciones a uno y a otro hijo, y en la decisión de la pareja de echar de la casa a Ismael, está la clave de los conflictos, desde el punto de vista religioso, que tienen como escenario la península Arábiga y otros territorios adyacentes, donde la guerra parece ser la única vía de solución.

¿Cómo era el carácter de Ismael e Isaac? Génesis 16: 12,16 describe a Ismael: “Y él será hombre fiero; su mano será contra todos, y la mano de todos contra él, y él vivirá delante de todos sus hermanos”. Si buscamos el significado de “fiero”, el diccionario de la Real Academia Española lo define como “perteneciente o relativo a las fieras, salvaje o agresivo, duro, incivilizado y áspero. Persona cruel o de carácter malo y violento”. De Ismael descendieron los musulmanes, que como prometió Dios serían una gran nación.

Para entender la voluntad divina con Isaac e Ismael, veamos lo que dice la Biblia en Génesis: 17: 18,21): “Y dijo Abraham a Dios: Ojalá viva Ismael delante de ti. Respondió Dios: Ciertamente Sara, tu mujer, te dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Isaac. Confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él. Y en cuanto a Ismael, también te he oído. Lo bendeciré, lo haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera, engendrará doce príncipes y haré de él una gran nación. Pero yo estableceré mi pacto con Isaac, el que Sara te dará a luz el año que viene por este tiempo”.

El pacto abrahámico sostiene, además, que la tierra de Canaán sería solo para Isaac como posesión permanente (no para los descendientes de Ismael).

Por la forma en que vivió y tuvo su descendencia con Rebeca, Isaac era un hombre de paz. Teniendo en cuenta la interpretación teológica de la Biblia, él es fruto de la fe de sus padres, que tuvieron una relación directa con Dios.

Entre judíos y musulmanes hay una rivalidad de origen, entre otros motivos, por los descendientes que tuvo Abraham y la actitud asumida por Ismael después que fuera echado de la casa por su padre. Mientras las escrituras hebreas afirman que Isaac es el verdadero hijo de la promesa, los islamitas se abrazan del Corán para afirmar que es Ismael, el nacido del vientre de la esclava. Los islamitas dicen que la Biblia fue adulterada para donde decía “mi pacto con Ismael” colocar el nombre de Isaac.

El nacimiento de las religiones judía, islámica y cristiana se ubica en Canaán y abogan las tres por tradiciones espirituales comunes que se remontan a Abraham, a quien reconocen como el primer patriarca. Hay ingredientes que no son religiosos que hacen más complejo el problema de inestabilidad de la península Arábiga, como veremos en otros artículos.

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