¿Me quieres o no me quieres?

Es parte de la experiencia de visitar un establecimiento comercial de gran tamaño escuchar en los altoparlantes una voz femenina que de vez en cuando dice “Señor Juan Pérez, se le solicita en Servicio al Cliente” o “Señora María Rodríguez, se le solicita en Recepción”.

Cuando escuchamos estos mensajes, ¿asumimos que la joven de voz melodiosa es quien necesita ver al señor Pérez o a la señora Rodríguez? No lo creemos. Entendemos inmediatamente que una tercera persona, “alguien” que no se ha definido requiere de la presencia de los interpelados.

Si llamamos por ejemplo a un Laboratorio Clínico para preguntar si nuestros resultados están listos, y la persona nos responde: “No señora, aún no, pero se le llamará en seguida esté en el sistema”; ¿entendemos que esa persona al teléfono será quien nos llame, o que pudiera ser cualquiera de los que allí laboran? Obviamente, al igual que el ejemplo anterior, asumimos la segunda opción.

Ese es el efecto que produce el uso de terceras personas en la comunicación. “Se le atenderá en breve”, “se le llamará la semana próxima” etc., expresan que otro, una tercera persona, ejecutará la acción de los verbos atender o llamar.

Utilizamos estos ejemplos para establecer un paralelismo con lo que observamos cada día con más frecuencia en la comunicación entre amigos y familiares: El uso de “se te quiere” o “Se les quiere” sustituyendo a las expresiones “Te quiero” o “Los quiero”. Y mientras más se repiten estas manifestaciones de cariño en tercera persona, más las repiten quienes las reciben, fomentando y fortaleciendo la tendencia.

Manifestar el amor con palabras es una de las formas de caricia humana más gratificante, tanto para quien la prodiga como para quien la recibe. Refuerza los lazos afectivos, aumenta los niveles de serotonina, endorfinas, dopamina, (hormonas de la felicidad), baja los niveles de cortisol y adrenalina, (hormonas del stress), en fin: produce tanto bienestar que ilumina nuestras almas.

En un tiempo en el que el WhatsApp ha sustituido los encuentros cara a cara, las familias apenas se comunican mirándose a los ojos, las tabletas mantienen a los niños desde los primeros meses de vida con la carita sumergida en las pantallas, desconectados del mundo real; donde la superficialidad hace más ruido que lo esencial y trascendental ¿estaremos contribuyendo a que los te quiero se conviertan en indefinidos e inciertos?

Los “Se te quiere” desvían el afecto, confunden al receptor, se vuelven indefinidos, imprecisos, nebulosos.

Rescatemos los Te quiero en primera persona. Con seguridad, con propiedad, sin vacilaciones ni desvíos... YO (primera persona del singular) TE (pronombre reflexivo que acentúa la acción) QUIERO (primera persona del verbo querer).