Los aprendizajes son el propósito
Cuando muchos países comenzaban a poner atención en la educación, el gobierno dominicano abandonó la suya. Gradualmente, todo el que podía comenzó a enviar sus hijos a la escuela privada, dejando la pública como escuela de pobres, controlada por funcionarios y dirigentes sindicales que envían sus hijos a otras partes.
Política y socialmente debilitado, el subsector público fue atrapado por corrientes pedagógicas para las cuales el facilismo es ley, el dejar hacer es conquista y el conocimiento herejía.
Durante el pasado proceso electoral, Danilo Medina prometió otorgar el 4% y propuso el conjunto de iniciativas que financiaría con el incremento presupuestario. Ya en la presidencia, en medio de grandes constreñimientos presupuestarios, ha respaldado su promesa con el 28% del ingreso tributario y su envolvimiento personal. Comarcando lo que podría ser el fin del abandono político y financiero del sistema.
Ahora bien, el desarrollo de buenos sistemas educativos ha resultado ser una de las tareas más difíciles de nuestros tiempos. Los cambios educativos se dan en miles de escuelas dispersas, que demandan recursos. Pero el éxito de esos cambios se mide, no por los recursos que las escuelas reciben, sino por las competencias que los estudiantes desarrollan.
En una aldea global dinamizada por el desarrollo científico y tecnológico, son tan altas las competencias que debe desarrollar el estudiante que aun en los mejores sistemas educativos, con jornada escolar de día completo y excelentes profesores y tecnologías, la escuela y el alumno sienten que el tiempo les resulta insuficiente. Gozando de la economía más dinámica de la región y sufriendo uno de los sistemas educativos más ineficaces del Continente, sería razonable esperar que profesores y estudiantes aprovecharan cada hora disponible para trabajar a profundidad los contenidos de lengua española, matemáticas, artes, historia, humanidades, ciencias, establecidos en el currículo oficial.
Sin embargo, cuando el gobierno tomó la histórica decisión de introducir la jornada escolar de ocho horas, funcionarios del MINERD se abrogaron el derecho a decidir que el costosísimo tiempo adicional que la nueva jornada escolar aporta, debía dedicarse, no a enseñar los contenidos del currículo oficial, sino a impartir en las tardes unos talleres donde “los hijos de otros” aprendan a pintar uñas, cortar el pelo y poner rolos. Cuando el Consejo Nacional de Educación aprobó un reglamento sobre el tema, ya aquella versión deformada de la jornada escolar de ocho horas había echado raíces en la escuela pública.
Tiempo después, funcionarios del MINERD volvieron a la carga. Esta vez decidieron reducir los requerimientos de promoción del nivel primario. Promoción automática en el primer ciclo, promoción fácil durante el segundo ciclo y eliminación de la asistencia escolar como requisito de orden académico. La decisión fue rápidamente revocada, pero ya esa nueva versión de la promoción había llegado a la escuela.
Atrapado por la cultura generada en aquel largo período de abandono, el sistema educativo dominicano perdió su sentido de propósito. Y muchas personas perdieron su capacidad para soñar una escuela pública de calidad. O la voluntad para luchar por ella. Por eso, en lugar de enfrentar las grandes deficiencias, siempre se buscan bajaderos para facilitar las cosas. Sin pensar que las evaluaciones vienen ahí. Que promueva o no, una escuela donde los estudiantes no aprenden es una calamidad. Y que aprender o ayudar a aprender nunca ha sido fácil.
Es importante que la autoridad detalle, con pasión y entusiasmo, las aulas construidas y rehabilitadas, equipos adquiridos, desayunos, almuerzos y meriendas servidas, recursos destinados a la formación de profesores y aumentos salariales que el 4% ha hecho posible. Sin embargo, en aquel contexto, es fundamental que con igual entusiasmo y pasión, la autoridad nos recuerde, una y otra vez, hasta el cansancio, que la protección y los aprendizajes del estudiante son el propósito de este grande esfuerzo. Y que aprovechen la autoridad moral que este gran esfuerzo le otorga, para ordenar la casa. Y para reclamar a las comunidades, familias, directores, profesores y alumnos, los compromisos, responsabilidad, disciplina, solidaridad y trabajo duro que son necesarios para salir de la cola y construir escuelas públicas respetables.
Un jurado en EE.UU. acusa de narcotráfico a un líder del Cartel de Sinaloa
Trump veta a la agencia AP del Despacho Oval por no usar el nombre "Golfo de América"
El representante de Kanye West afirma que la narrativa de "Bianca maltratada" es "absurda"
Alcalde de Nueva York dice que la justicia es "honesta" tras retirarle Trump sus cargos